
Mi nombre es Alfonso Vidueiras Carreira, soy natural de Boiro y resido en Santiago, en cuya Universidad estudio Filosofía desde hace más años de los que debiera, dicho sea de paso.
El azar, que tanto interviene en los destinos de los hombres, quiso que cayera en mis manos hace algún tiempo este documento o codicilo que termino de transcribir. No voy a negar que el principal motivo por el que abordé tamaña empresa fue exclusivamente monetario: pensaba yo que la historia merecía la pena y quizá pudiera ser dada a la estampa, lo cual vendría muy al pelo para el remedio de mi bolsa.
Ciertamente es una historia de amor, según se manifiesta a continuación del epígrafe, pero también de muerte, conforme puede comprobar cualquiera que tenga la bondad y la paciencia de leer hasta el final este epílogo. A mí particularmente, tanto los personajes como el argumento del relato llegaron a atraparme de tal suerte que apenas podía dejar de pensar en ellos, dedicando casi la totalidad de mi tiempo a ordenar y compilar los folios de los que está compuesto el codicilo, deseando concluir cuanto antes mi trabajo para así conocer por fin el final de la historia.
Una vez rematada mi empresa mi decepción fue grande. No me gustan los finales tristes y por otra parte me parecía a mí que la historia no estaba definitivamente concluida porque no terminaba de explicar lo que había acontecido con Marcos y con Rafael, pues aunque por el contexto se podía imaginar, en la historia no está manifestado de forma clara y explícita.
De este modo, movido por el ánimo de encontrar en todo esto algún final radiante, por mi cuenta y a mis expensas investigué lo que pude, llegando al conocimiento de lo siguiente:
Tras la muerte de Ester, su enamorado amo se dejo vencer por sentimientos de gran desconsuelo y melancolía, sin poder encontrar nada en la vida que le hiciese salir de ellos. Todo cuanto le rodeaba avivaba sus tristes recuerdos y el abatimiento terminó adueñándose tan completamente de su alma, que decidió romper con cualquier cosa que le hiciera rememorar el pasado. Así, abandonando todo lo que había constituido su vida, traspasó su bufete, se deshizo de sus propiedades y vendió su ático maravilloso, incapaz por más tiempo de vivir donde antes tanto había disfrutado del amor. Una vez rematada y definitivamente concluida la labor de deshacerse del pasado, quiso retornar a sus orígenes y adquirió una casa en Laxe, donde se retiró a vivir con la pretensión de que la muerte le encontrara al lado del mar, cuando quisiera venir a visitarle.
Lo cual no se demoró demasiado, pues apenas llevaba un año en la villa donde creció, cuando el tabaco, del que tanto había abusado, reclamó sus deudas y aunque desde la irreparable pérdida de Ester parecía que la existencia no tenía ya sentido para él, la verdad es que después de diagnosticada la fatal enfermedad aún luchó por su vida el tiempo suficiente como para dejar concluido el presente escrito. Al cabo, el combate se le hizo tan duro que terminó por admitir lo inevitable y se dejó llevar, falleciendo en el mismo hospital de Santiago donde también su padre había entregado el alma muchos años antes y casi a la misma edad. Y esto, se non è vero, è ben trovato
En cuanto a Rafael Domenech, tengo por muy cierto y averiguado que fue detenido por el asesinato a golpes de su ex mujer y celebrado el juicio se le halló culpable, siendo condenado a veintidós años de prisión. En la actualidad todavía está cumpliendo la condena.
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