jueves, 12 de noviembre de 2009

XIII LA CONVIVENCIA



Se hacía imprescindible y urgente establecer unas pautas de convivencia, tanto en lo económico como en lo afectivo y social así como una jerarquía. Esta última resultó fácil: Marcos no renunció a sus privilegios sobre la esclava de modo que la “preeminencia en el mando” como le gustaba definirla al sargento, empezaba por Marcos, seguía con Rafael y terminaba en Ester. Pero el letrado le aseguró a Rafa que podría tener sexo con la sumisa siempre que lo demandase y la posibilidad de azotarla cuando él creyese necesitarlo o ella merecerlo, así como estar presente y participar en las sesiones. Todo esto fue decidido entre ambos sin que Ester interviniese para nada, aunque como resulta lógico suponer y así era en efecto, varios meses antes de decidirse a insertar el anuncio, ya tenían ambos concretado, de común acuerdo, los derechos y libertades que concederían a la persona que integraran en su relación.

La pareja continuó utilizando su alcoba, la de la cama grande y Rafa pasaría a ocupar el dormitorio pequeño que aunque era el de invitados, nunca se utilizaba porque Marcos y Ester no tenían invitados. A Rafael todo le pareció bien pues con la posibilidad de convivir con una sumisa se daba por satisfecho.

Pero en donde intervinieron los tres en pie de igualdad fue en el reparto de las cargas económicas y la manera de organizar la contabilidad en una especie de hoja de ingresos y gastos. Marcos propuso que todos los ingresos entraran a formar parte de una caja común. De ahí se descontarían los gastos no solamente de energía, comunidad y mantenimiento del edificio sino que la compra semanal o diaria se realizaría con cargo a esa bolsa, así como el sueldo de la señora de la limpieza que por acuerdo de todos se decidió mantener. Si a fin de mes sobrase algo, se repartiría a partes iguales entre los tres, para que cada uno atendiera a sus necesidades personales de ropa, gasolina, etc. Esta era la forma en que nuestra pareja tenía organizadas sus finanzas desde hacía años, pues a pesar de la manifiesta relación amo – esclava, en lo tocante a la independencia económica así como a las actividades profesionales ambos estaban en pie de igualdad, como no podía ser de otro modo. Rafa puso reparos porque no le pareció ético el reparto cuando se enteró de que Marcos ganaba el doble que Ester y él juntos. Ambos jóvenes tenían un sueldo similar, pero los ingresos del abogado doblaban la suma de los dos salarios.

_ No me parece bien Marcos -decía el chico-. Ganas cuatro veces más que yo, no me cobras alquiler y encima quieres compartir ingresos y gastos. Me parece que te estoy estafando.

_ No creas. Lo que yo quiero es que vivas con nosotros -A Marcos le encantaban aquellos espontáneos arranques de bondad del muchacho. Le parecía que un chico con esos escrúpulos merecía la pena, no solamente como amo para Ester sino como persona y como amigo. -Así que no pienses que me estás estafando. Me gustaría que dentro de lo que yo pueda, seamos los tres felices aquí.

Rafa estaba adquiriendo a marchas forzadas experiencia como amo y sus conocimientos eran ya los suficientes como para saber con meridiana claridad lo que pretendía, aunque aun todavía ignoraba el camino por el que debía transitar para conseguirlo. Pero quiso tener las cosas claras desde el principio. Necesitaba saber lo que podía y lo que no podía hacer, hasta dónde le estaba permitido llegar y cuáles eran los límites que nunca se podrían traspasar. Por eso pidió a Marcos que, con la mayor brevedad, le explicara detalladamente hasta dónde estaba dispuesto a llegar en la entrega de su sumisa, qué castigos aguantaría ella y a qué humillaciones podía ser sometida. Marcos le respondió que necesitaba pensarlo con cierto detenimiento y hablarlo con Ester, porque no era cosa de equivocarse y durante una sesión decidir que por aquella vía no se podía avanzar. Rafael no le dio a eso demasiada importancia, porque pensaba que de la misma manera que él iba corrigiendo sus posibles defectos como amo durante las conversaciones que se mantenían después de cada sesión, también de igual forma se podrían pulir las limitaciones de la esclava. Pero lo que sí necesitaba era conocer cuanto antes los límites, al menos en líneas generales, porque su mente explotaba de fantasías y deseos y quería saber cuáles de ellos podría llevar a la práctica.

Así que Marcos, previa deliberación con Ester, trató de elaborar una lista con los castigos y humillaciones que la sumisa estaba dispuesta a aceptar y otra con las restricciones a los mismos. Un día, después de siesta, estando los tres juntos se la comentó:

_ He hecho una especie de relación, válida para los dos, porque yo pienso o siento que Rafa y yo somos tus amos, aunque yo me encuentre en primer lugar-aclaró dirigiéndose a Ester- de modo que la vamos a exponer, si os parece.
Echando mano a unos papeles que llevaba escritos comenzó a leer:

_ Puede permanecer siempre desnuda mientras esté en casa haciendo independientemente de lo que esté haciendo o ponerse en la postura que se le indique, salvo las dos tardes que viene la señora de la limpieza o si hay en casa alguien de la familia o algún amigo que no sepa de qué va esto ni a nosotros nos interesa que lo sepa.

_ ¿Quiere decir esto -interrumpió Rafa- que podemos decírselo a alguien?

_ Por supuesto, eso ya lo especifico más adelante. Cuando pase cierto tiempo estoy seguro de que necesitaremos mostrar a otros el poder que tenemos sobre ella y Ester también quiere que más gente se entere de todo lo excepcional que nos entrega, para que sepan que es maravillosa como mujer y única como sumisa. Entonces hay que establecer unas normas de quienes pueden ser esos otros y en qué condiciones.

_ A mí no sé si me gusta que esto lo sepa más gente -dijo Rafa- porque enseguida se corre la voz.

_ Ese asunto ya lo decidiremos -replicó el letrado- pero yo sé que tanto tu, como yo, como ella, necesitaremos tarde o temprano que participe más gente. Yo no lo impongo, solamente lo digo y más adelante, si me dejas continuar explicaré en qué condiciones Ester estaría dispuesta a aceptar eso.

Se hizo el silencio y Marcos siguió, consultando los apuntes que llevaba:

_ Puede permanecer sin hablar el tiempo que queramos, respondiendo sólo a nuestras preguntas o simplemente “sí” o “no” con la cabeza. También tiene la obligación de obedecernos siempre con toda la rapidez y diligencia que pueda. Está también obligada a retirarse de nuestra presencia cuando se lo indiquemos.

_ ¿Quién establece -interrumpió Ester- si la rapidez en obedeceros es la suficiente?

_ Nosotros, por supuesto. Está claro que esto es como las ordenanzas militares y de eso Rafa sabrá bastante. Todas terminan con un artículo que dice: “En todo caso se estará a lo que ordene el mando”

_ Eso me gusta -aprobó Rafa. Y Marcos continuó:

_ Tiene que tener siempre todo su cuerpo y su mente a nuestra disposición: su coño, sus manos, sus tetas, piernas, boca, espalda, nalgas, culo... Todo nos pertenece y podemos usarlo como queramos y cuando queramos dentro de los límites que comentaremos ahora.

Ester asistía a toda aquella exposición de intenciones como si de lo que se estaba tratando no fuera del uso y abuso de su cuerpo, como si el asunto no revistiera importancia para ella. Manteniéndose en silencio, sólo de vez en cuando se permitía hacer algún comentario o solicitar alguna aclaración. Sin embargo, se sentía íntimamente muy orgullosa de saber que era capaz de darle a Marcos y como consecuencia a Rafael, cosas que ninguna otra mujer les proporcionaría.

_ La podemos atar y ordenar que permanezca atada en la postura que queramos, salvo de rodillas y durante el tiempo que queramos. Las ataduras requieren una técnica, si no pueden resultar peligrosas, sin embargo, son necesarias porque si la intensidad del castigo es mucha, no hay nadie que pueda aguantar demasiado dolor sin moverse, aunque al principio, antes de empezar se lo proponga. Si te parece, yo te iré enseñando a atar.

_ Ya lo estoy deseando -dijo Rafael demostrando su impaciencia por entrar en la totalidad el mundo sadomasoquista. Y preguntó: -¿Por qué de rodillas no?

_ Porque tiene los meniscos jodidos, sobre todo el derecho- Marcos continuó:

_ La podemos amordazar y vendarle los ojos. Lo de la mordaza puede ser por simple morbo o para evitar que grite durante los castigos si son demasiado duros. Tendremos que decidir si preferimos oír sus quejas o no. Lógicamente no podemos pretender que grite hasta que asuste a los vecinos pero esas cosas las resolveremos sobre la marcha.

_ Me gusta oír sus quejas. –Dijo Rafa- Además, sé que conseguiré que no se queje aunque el dolor sea mucho. Sigue Marcos.

_ Lo de darle bofetadas en la cara, las piernas o las nalgas casi no es necesario decirlo y lo de la lluvia dorada o el semen en cualquier parte de su cuerpo tampoco. Vamos a entrar en el tema de los azotes. Podemos dárselos con fusta, látigo o regla, en las piernas, las nalgas o la espalda. En las tetas o el vientre hay que ir con cuidado ya que con cierta intensidad son peligrosos porque pueden dañar órganos importantes y en la cara dejarían señales que las vería todo el mundo... También podemos clavarle agujas, a manera de inyecciones, pero exclusivamente en las nalgas y con agujas de un solo uso, de las que se emplean en sanidad. Digo esto porque quizá llegue un momento en que nos apetezca verla sangrar o hacerle sangre. Hay gente que tiene fijación con la sangre y no sabemos si tú o yo somos una de esas personas. Nunca he probado eso, la verdad, pero quizá no quiera morirme sin hacerlo.

_ De entrada eso de la sangre no me va -afirmó Rafael- pero no quiero descartar nada porque me estoy empezando a conocer a mí mismo y no tengo ni idea de dónde voy a terminar. A propósito de señales ¿Podemos dejarle marcas?

_ A eso iba. Podemos dejar marcas siempre que sea en un sitio donde ella las pueda ocultar, lo cual nos limita exclusivamente a las nalgas. Ester suele ducharse en el gimnasio pero puede entrar en la ducha con el pantalón de deporte y volver a salir igual. Lo que no puede hacer es entrar vestida para ocultar las marcas de los latigazos en la espalda o las piernas.

_ ¿No podremos entonces azotarla a placer nunca? -en la agradable cara de Rafael se dibujaba un mohín de desilusión. Resultaba extraño que un muchacho de apariencia dulce y sensible estuviera manteniendo aquella conversación y más todavía que pareciera disgustarse ante la posibilidad de no poder azotar a una amiga, casi a una amante con verdadero ensañamiento.

_ Podremos hacerlo durante los primeros quince días de vacaciones, porque así tendremos otras dos semanas para que las marcas desaparezcan. También se puede aumentar un poco la intensidad de los azotes los viernes para así dar tiempo, durante el fin de semana, a que las señales no se noten el lunes. Hemos de tener cuidado, porque si se rompe la piel, la marca durará muchos días.

_ ¿Y cómo sabré yo si rompo o no la piel?

_ No puedo darte una regla para eso, pero por lo general, si aparece la sangre hay que parar.

Ambos amos pensaron después que con una buena pomada cicatrizante, aplicada a continuación de producirse el traumatismo se podría solucionar ese problema. También existían pomadas anticoagulantes para eliminar más rápidamente los cardenales y encargaron a Ester que consultara sutilmente a compañeras de trauma, sin decirles el propósito ultimo de las preguntas, para saber qué otros productos existían en la farmacopea capaces de acelerar la cicatrización y evitar los moratones. Resuelto esto, Marcos continuó:

_ Tiene obligación de darnos placer acariciando y lamiendo cualquier parte de nuestro cuerpo, excepto el ano después de haber hecho de vientre y antes de lavarnos. También podemos obligarla a comer y beber en un plato en el suelo, puesta a cuatro patas y sin utilizar las manos. Insisto en que todo esto son ideas, pero nosotros no estamos obligados a nada y en todo caso las actividades las distribuiremos a nuestro antojo.

A Rafa cada vez le iba gustando más aquello. Era verdaderamente amplia y atractiva la gama de posibilidades que se le estaba ofreciendo y tenía la seguridad de que sería capaz de divertirse y gozar del sexo como nunca lo había hecho, penetrando por fin en aquél mundo nuevo, diferente y desconocido que desde la adolescencia presintió que existía aunque nunca fue capaz de darle un nombre.

_ Está obligada a servirnos junto con otro u otros esclavos o esclavas. Evidentemente para ellos podrán regir otros límites pero a Ester no podemos ordenarle hacer con ellos lo que no está permitido que le hagamos a ella misma.

En ese punto volvió a preguntar Rafael:

_ ¿Qué quieres decir con eso? Lo primero que no entiendo es de donde vamos a sacar más esclavos o esclavas...

_ Hay muchos más esclavos de los que a ti te parece -interrumpió Marcos- se trata de entrar en contacto con ellos a través de revistas especializadas o simplemente de Clima. En cuanto a lo otro, no podemos, por ejemplo, ordenarle actividades escatológicas con un esclavo, porque tampoco las practicará con nosotros, no podemos decirle a un esclavo o permitirle a otro amo que la azote con más intensidad de lo que nosotros mismos lo haríamos. Es decir, que sus limitaciones no son solamente con nosotros, son limitaciones para todo el mundo. También podemos exhibirla delante de amigos o amigas a los que ella obedecerá igualmente bajo las mismas condiciones. Cuando nos apetezca, podemos darle por el culo meterle consoladores o las bolas chinas y ella tiene la obligación de soportar tanto los consoladores como las bolas todo el tiempo que nosotros creamos conveniente, incluso por la calle. En todo caso tendrá que ser siempre con vaselina, lubricante o cualquier crema apropiada. Lógicamente no más de seis horas seguidas, porque eso podría producirle daños, pequeñas hemorragias y cosas así.

Llevaban ya de varios meses de fructífera relación y algunas maravillosas semanas de convivencia y hay que tener en cuenta que casi la mitad del tiempo que permanecían juntos lo dedicaban a hablar sin tapujos de sus anteriores experiencias, de sus frustraciones y de sus deseos. Por eso Rafa ya conocía las actividades a las que Ester había estado sometida durante su relación con Marcos y le encantaba pensar que un día podría salir de paseo con ella, o ir a una discoteca o al restaurante sabiendo que su esclava tenía un consolador profundamente hundido en el culo y que nadie más que ellos o las personas que ellos quisieran lo sabrían. Ese tipo de juegos en lugares públicos le excitaba muchísimo y no veía el momento para ponerlos en práctica. Marcos, después de algunos comentarios y aclaraciones sobre el último punto, continuó:

_ Podemos ponerle supositorios de glicerina o enemas cuando lo juzguemos conveniente, sabiendo que eso va a provocar inevitablemente la necesidad de ir al servicio. Está obligada a orinar y defecar en nuestra presencia, en la postura que nosotros elijamos. Eso forma parte del juego de la humillación aunque repito que no tocará las heces ni de ella ni de nadie. También podemos ponerle pinzas en la nariz, los labios, los pezones, el coño... Casi en cualquier parte del cuerpo. Podemos echarle gotitas de cera hirviendo en el sitio que queramos menos en la cara, porque hay riesgo de que caigan en los ojos y se pueden producir quemaduras.

_ Lo de las quemaduras estoy de acuerdo, aunque sé cómo hay que hacer con la vela para no quemar demasiado. -aprobó Rafa- sin embargo, me parece que con vendarle los ojos es suficiente para que no haya posibilidad de que le caiga la cera en ellos.

Resultaba evidente que el chico no iba a permitir, así por las buenas, que ningún tipo de actividad sadomasoquista pasase por delante de él sin llegar a experimentarla a fondo. Había leído muchos relatos S/M y sabía que cuanto más se separase la vela de la piel, menos abrasadora resultaba la gota de cera, por lo tanto él estaba convencido de que podría jugar también a arrojar cera hirviendo en la cara de la esclava. Aun así, Marcos creyó conveniente insistir en el asunto significando que a ellos no les estaba permitido producirle marcas en ninguna parte del cuerpo salvo las nalgas, a excepción de los quince primeros días de vacaciones.

_ ¿Cuándo nos vamos de vacaciones? -preguntó Rafa sonriendo- A partir de ahora me gustarán más que nunca.

_ Para terminar -continuó Marcos- seremos nosotros quienes decidamos cuando y como obtiene un orgasmo, en que postura, en donde y con qué frecuencia.

_ En el “cómo” y en el “dónde” estoy de acuerdo, pero -objetó Rafael - el “cuándo” nos va a ser imposible. ¿Es que podemos controlar si se hace una paja?

_ Efectivamente -afirmó Marcos-. Hay unos sistemas como la red o el cinturón de castidad que pueden impedir que se masturbe sin nuestro consentimiento.

_ O sea, que al final realmente se va a correr solo cuando nosotros queramos -Rafa, tercamente, quería asegurarse también el control de aquella importantísima función de la esclava.

_ Así es. Lo hará cuando uno de los dos la autoricemos o nos apetezca que lo haga. Más o menos ya lo controlamos ahora. Hay un par de cosas más a comentar: podemos vestirla de puta, con la ropa que queramos y maquillarla como a una buscona si nos apetece hacerlo para que vaya así incluso por la calle. Está claro que en Valladolid no, pues ya has visto que aquí nos conoce mucha gente y no sería correcto que vieran a Ester vestida demasiado llamativamente, que ya bastante sugerente va cuando sale conmigo, porque yo así se lo mando. También podemos depilarle, todo el cuerpo o parte de él, con cera o como queramos.

_ Pues la depilaré -afirmó Rafa- salvo un poquito de pelo en el sexo.

_ De acuerdo. Te diré también que existe todo tipo de ropa sexy en las revistas especializadas que la venden por catálogo. También en los buenos Sex Shops de Madrid la hay, así como el cinturón o la red de castidad y toda clase de material.

_ Tenemos que ir de compras a Madrid -aseguró Rafa sin dudarlo. Y continuó:

_ Bueno sigue, porque a este paso no terminaremos nunca.

_ No estás obligado tú personalmente -continuó Marcos- de guardarle fidelidad aunque yo sí se la guardo. Quiero decir que puedes salir cuando quieras a ligar o puedes estar con otra, con la única salvedad de que es necesario que nosotros lo sepamos, no queremos mentiras. Ya te dije el primer día que la promiscuidad no nos gusta, de modo que si habitualmente andas por ahí de ligue las cosas no irán bien. Pero una cosa es la promiscuidad y otra echar una canita al aire. Si quieres y te da morbo, incluso ella misma podría acompañarte a ligar, quedándose en segundo plano o si no que se quede en casa. En ese sentido tienes una libertad total. Puede acompañarte a la disco y quedarse en la barra mientras tu bailas, puedes hacer creer a tu ligue que ella es tu chofer... En fin, ya sé que tienes imaginación suficiente.

_ Sin embargo, no me gusta eso. Prefiero estar con vosotros. Al menos de momento. Pero está bien saber que si un día se me pone a tiro una tía buena me la puedo follar sin ninguna consecuencia. Yo ya me lo imaginaba, porque al fin y al cabo soy su amo, pero me gusta que me lo confirmes. Aunque quiero que sepas –dijo dirigiéndose a Ester- que tú tienes absolutamente prohibido tener relaciones con nadie sin nuestro consentimiento.

Ester aseguró que eso lo daba por sentado y Marcos continuó:

_ Podemos exigirle que practique cualquier tipo de sexo con otros esclavos o esclavas, siempre teniendo presentes las restricciones que ya sabemos y otras de las que hablaremos más adelante. Si te excita ver sexo en directo, puedes ordenarlo cuando quieras. También puede luchar con otros esclavos o esclavas en nuestra presencia para divertirnos. Podemos establecer un premio para quien gane y un castigo para quien pierda. Las reglas, lógicamente las ponemos nosotros, siempre respetando las restricciones de las que hemos hablado tantas veces. Podemos alquilarla a cambio de dinero, cederla o prestarla, siempre que sea por tiempo limitado, como mucho tres o cuatro días, porque yo con quien quiero estar es con ella.

_ Creo que eso me encantaría. Es decir, las tres cosas, tanto ver sexo en directo como lo de la lucha o el alquiler. Cuando te la chupa a ti o le das por el culo y yo estoy mirando me pongo a cien. Sigo creyendo que será difícil encontrar más esclavas y en todo caso encontrar alguna que quiera luchar con una mujerona como ella.

_ Encontraremos más esclavos. Te aseguro que los hay. Otra cosa será esclavas, eso es más difícil; no porque no las haya, sino porque lo ocultan más o no se atreven a manifestarlo. En cuanto a la lucha, nosotros podríamos ordenar que uno de los dos peleara con una mano atada a la espalda si la diferencia de fuerza es muy grande o si la obligamos a combatir contra un tío. Y ya para terminar -continuó Marcos- aunque normalmente dormirá conmigo puedes ordenarle algún día dormir en la alfombra de tu habitación, para estar cerca de ti y a tu disposición toda la noche. Todo esto evidentemente durante los fines de semana y vacaciones, porque el resto de los días no creo que tengamos demasiado tiempo para jugar. Los tres trabajamos y durante la semana hay que dormir. Ya casi estoy terminando. Estamos obligados a no ordenarle nunca tocar las heces ni jugar con ellas ni las suyas ni las de nadie e insisto en esto porque no lo soporta. Puede hacer de vientre en nuestra presencia, en cualquier lugar, no necesariamente en el servicio porque eso entra dentro del juego de las humillaciones...

_ Bien. Ya soy consciente de que la escatología está prohibida.

_ También es necesario que la ames, que la azotes con cariño. -siguió Marcos- Ya te explique que una sesión es una forma de hacer el amor, por lo tanto me gustaría que recibiera tus castigos como recibe los míos: acompañados de grandes y espero que sinceras, manifestaciones de afecto. Como lo estás haciendo hasta ahora.

_ No me cuesta hacerlo -concedió Rafa- porque siento un gran cariño por ella.

_ Otra cosa más es la higiene y vuelvo a insistir también en esto. Es necesario que te laves y la ordenes a ella lavarse siempre antes de empezar con una sesión de sexo de cualquier tipo y esto vale también para las demás personas que pudieran participar. No quiero decir que tengas que ducharte para azotarla pero si para practicar cualquier tipo de sexo.

Rafa recordó que estaba acostumbrado a ducharse siempre antes del sexo. Pero no dijo nada y Marcos continuó:

_ Si lo hacemos con gente desconocida también es necesario el condón. No quiero que chupe o que la folle un tío desconocido y a pelo.

_ Nunca follará con desconocidos -aseguró Rafa- al menos si de mi depende. Una cosa es una sesión, que la presencien o la sufran y otra es follar. No te digo que un día no llegue a casa con alguien a quien ella no conozca y la obligue a realizar cualquier cosa en su presencia, pero te aseguro que follar no.

_ Una última cosa: no se puede grabar ni permitir que se grabe una sesión o parte de ella por ningún medio de reproducción de la imagen o el sonido. Esto incluye fotos, a no ser que nadie la pueda reconocer ni a ella ni tampoco el sitio donde las fotos están hechas. Quiero decir que si estamos en la habitación de un hotel y le hacemos una foto con la cara tapada o grabamos una sesión en la que no se la vea la cara ni se pueda reconocer el lugar, no importa. Pero en casa no, porque si llegara a caer en malas manos, aunque no se le viera la cara, sabrían que es ella por asociación con el lugar, porque podrían reconocer la casa.

_ Nada de fotos, de eso nada -interrumpió Ester que había permanecido en silencio durante toda la conversación atendiendo a medias al periódico y a la charla de Rafael y Marcos- las fotos nunca se sabe en qué manos van a caer. A mí desde luego que no quiero que me hagáis ninguna.

_ Eso está claro -dijo el chico-. Además me parecen bien las restricciones que ha dicho Marcos. Es decir: se te pueden hace fotos siempre que sea imposible reconocerte a ti o asociar contigo el lugar donde están hechas.

_ Justamente. Yo sé -aclaró el letrado- que quizá para captar a más gente será interesante publicar en las revistas de contactos fotos suyas. Entonces nos las haremos en un hotel o en el campo y después en presencia de los tres se destruirán los negativos

_ De acuerdo.

Hay que significar ahora, como el sufrido lector tendrá ocasión de comprobar si continua interesándole este relato, que todos estos límites y restricciones fueron cayendo poco a poco con el transcurso del tiempo. Y si no todos al menos una importante parte de ellos, de suerte que, pasados unos meses, nada tenían que ver las restricciones que quedaban vigentes con las que en principio se pactaron. Pero eso es una buena señal, pues denota la tenacidad y buen hacer de los amos por ir derribando barreras y traspasando lindes y la buena disposición de la esclava para conseguir satisfacer cada vez más y mejor a sus dueños.

En casa de Marcos y Ester se recibía mucha prensa. Diariamente llegaba El País, semanalmente la revista de política y sociedad Cambio 16, así como El Socialista, órgano oficial del PSOE. Mensualmente se recibía Historia 16, revista especializada en Historia y también Mundo Obrero que era al Partido Comunista lo que El Socialista era al PSOE. Pero a partir de que Rafa se instaló allí, la prensa aumentó. Semanalmente recibían las revistas de contactos “LIB” y “CLIMA” y mensualmente SadoMaso. Esta, como su nombre indica, era una revista especializada en el tema que nos ocupa y resultaba de inapreciable valor para los tres, porque además de incluir excitantes relatos y posibles contactos, explicaba detalladamente y con abundante apoyo fotográfico muchas técnicas y adjuntaba una lista de vídeos recomendados que ellos se apresuraban a traer del Sex Shop. Disfrutaban los tres juntos de la película y posteriormente los amos trataban de llevar a cabo con su esclava las escenas que habían visto en la cinta si les habían resultado excitantes, agradables o simplemente llegaban a pensar durante el visionado que ellos también podrían hacer aquello. Marcos le enseñaba a Rafa pacientemente la forma de atar con rapidez y seguridad, practicando nudos y maneras de inmovilizar dependiendo del tipo de juego que se fuera a realizar después y de sus propias intenciones. El chico, que siempre hemos dicho que era inteligente, aprendía con gran rapidez porque además, se sentía extraordinariamente motivado.

Por otra parte, las sesiones de sexo y sado se realizaban casi exclusivamente los fines de semana o festivos como Marcos imaginó, porque los días laborables no había tiempo, ni ocasión y muchas veces tampoco ganas, ya que andaban los tres bastante cansados. Incluso había sábados o domingos en los que Rafa o Ester tenían que trabajar, con lo cual el tiempo verdaderamente disponible no era excesivo, aunque lo aprovechaban plenamente.

Por lo demás ninguno de ellos descuidaba su entrenamiento físico y Ester se estaba preparando para la obtención del carné de conducir porque hasta entonces, entre el trabajo, sus estudios de Medicina y el hecho de que Marcos era quien llevaba el coche cuando salían de viaje, había traído como consecuencia que Ester siempre posponía el acudir a la autoescuela. Pero últimamente su amo se puso pesado y ella decidió por fin hacer el esfuerzo. De los tres el que menos trabajaba era Rafael, pues ya se sabe que el ejército no se caracteriza por atosigar de faena a sus componentes. Ester estaba más ocupada, sobre todo porque no dejaba de estudiar, aunque tampoco sus obligaciones eran agobiantes, porque el estudio verdaderamente era para ella una distracción. De modo que cuando alguno de los dos se quejaba de estar cansado, a Marcos le hacía gracia porque él trabajaba doce horas diarias mientras que la jornada de Ester era de siete y la de Rafa de cinco, más los días de guardia. Con esto, realmente era Rafa quien más disfrutaba del cuerpo de Ester pues jugaban prácticamente un día sí y otro no, a excepción de la semana de noches de la chica y del día que Rafa tenía guardia. Pero los fines de semana y puentes, se dedicaban al sado y al sexo.

También consideraron los tres conveniente introducir algunos cambios en la casa, debidos a la necesidad de adaptarla al nuevo número de ocupantes. Ya hemos dicho que Marcos y Ester continuaban el dormitorio principal, con su cama de uno cincuenta, y Rafa pasó a ocupar el de invitados, donde había dos camas: pero hubo más cambios que Marcos promovió. Le pareció conveniente transformar el cuarto pequeño en una cámara apropiada para la práctica de sus juegos favoritos. La habitación permanecía vacía y los tres consideraron que la propuesta del letrado de montar allí una estructura adecuada para todo tipo de actividades inconfesables resultaba no solamente aceptable sino apetecible. Era menester guardar en algún sitio el material que pensaban ir adquiriendo, porque hubiera resultado verdaderamente impactante e incluso traumático para la señora de la limpieza encontrarse determinados objetos por la casa. Marcos se encargó de organizar los cambios y mandó construir un pilar de madera en forma de prisma cuadrangular, de treinta centímetros de lado y con altura suficiente para anclarlo firmemente al suelo y al techo. Previamente, habían hecho instalar una cerradura en la puerta de la habitación, que hasta aquel día disponía sólo de picaporte, cuya llave estaba escondida a buen recaudo. La ventana, que daba a la terraza, permanecía siempre cerrada y con la persiana bajada. De esta forma, a la mujer que venía a limpiar dos tardes por semana se le negaba absolutamente la oportunidad de echar un vistazo a la nueva cámara y se le explicó que de allí en adelante la casa tenía una habitación menos a efectos de aseo y limpieza. No sabemos lo que la extrañada señora pensaría en aquél momento, porque se abstuvo de hacer ningún comentario, pero teniendo en cuenta que la superficie a limpiar disminuía y el sueldo permanecía constante, entendemos que no le debió parecer mal, aunque está claro que su curiosidad nunca quedó satisfecha. Cuando el pilar de madera estuvo terminado, el propio Marcos lo montó en el centro de la habitación y colocó una argolla en su parte superior y otra en la parte inferior.

El siguiente paso fue adquirir una mesa o una tarima, algo elevado donde poder tumbar y atar a la esclava mientras los amos permanecían de pie. Entre los tres pensaron que lo más conveniente sería una camilla, como las que existen en las consultas médicas donde se tumba el paciente para ser examinado por el profesional. Ester dijo que la mejor opción, dentro de la gran variedad que hay en el mercado, era una mesa de partos o camilla de ginecólogo, porque ese artilugio dispone de un par de soportes diseñados para que la parturienta apoye las piernas. Esto podría utilizarse perfectamente para mantenerla a ella con las piernas elevadas y separadas si se procedía a atarla firmemente por los tobillos a los soportes. Además, las mesas de partos llevan instalado en su parte inferior un recipiente, a modo de depósito, que teóricamente sirve para recoger el líquido amniótico u otros fluidos corporales que la mujer puede expulsar durante un alumbramiento y en el caso que nos ocupa, ese recipiente sería perfecto cuando los amos decidieran suministrar un enema o unos supositorios a la esclava, manteniéndola a pesar de todo perfectamente atada a la camilla e inmovilizada. En aquella habitación se instalaron también unas repisas, donde tenían el propósito de ir colocando todo el material a medida que lo fueran adquiriendo. Compraron en una tienda de bricolaje dos varas de madera, de treinta milímetros de diámetro y un metro veinte de largo y Marcos atornilló una argolla en cada extremo de cada vara y otra en su parte central, del suficiente diámetro las tres como para poder pasar una cuerda o incluso una pequeña cadena a través de ellas. Con todas esas ayudas pensaban los amos que no les resultaría excesivamente complicado inmovilizar a la esclava manteniéndola de pie, pero con los brazos y las piernas separadas, en forma de cruz de San Andrés, atada cada extremidad a cada una de las argollas de las varas y el cuello al poste central de la habitación, De este modo cualquier parte del cuerpo de Ester les sería inmediatamente accesible.

La mayoría de las ideas útiles sobre el material necesario o apropiado, las extraían de la revista SadoMaso. En otras ocasiones resultaba ser algún utensilio que formaba parte de un castigo que habían visto en alguna película y a cualquiera de ellos les parecía de gran utilidad y simpleza, porque tampoco eran partidarios de proveerse de aparatos demasiados sofisticados o con gran complejidad técnica. Hacían partícipes de sus ideas y expectativas los unos a los otros para entre los tres decidir cuáles deberían ser, por el momento, los artilugios mínimos imprescindibles.

En otro orden de cosas, Marcos adquirió un local próximo, lo suficientemente amplio como para que pudiera servir cómodamente de cochera para dos vehículos, pues su vivienda tenía asignada una sola plaza de garaje en el edificio. Rafa se desplazaba irremisiblemente al trabajo en su coche y era previsible que Ester comprase uno en cuanto obtuviera el permiso de conducir, porque entonces el servicio de autobuses que sufría la ciudad era patético y la chica tenía serios problemas para realizar el trayecto desde casa al Hospital y viceversa.

En principio, ninguno de los tres tuvo el valor suficiente para comunicar a nadie el cambio que se había operado en sus vidas. El sargento Doménech se limitó a poner en conocimiento del mando, por vía reglamentaria, su nuevo domicilio, mientras que ni a Ester ni a Marcos les fue necesario hacer nada en relación con su trabajo o con los negocios de él, pues ambos continuaban viviendo en el mismo lugar. De este modo, a todos los efectos oficiales lo único que había variado era el lugar de residencia del sargento Doménech. La familia de Rafael estaba en Cataluña y aunque el muchacho continuaba manteniendo la inveterada costumbre de telefonear a su madre todos los viernes, había explicado simplemente que estaba compartiendo piso, porque de esa forma se encontraba más a gusto y con mayor libertad que en la base. Doña Nuria se preocupó un poco al principio, pensando que quizá su hijo no fuera capaz de organizarse sin ayuda ni guía, pero Rafa le explicó en reiteradas llamadas que esa era la forma de vida que consideraba apropiada para él, que sus compañeros de piso eran gente buena, amable y educada y que no había motivo para preocuparse porque, además, él no era un niño de pecho. Marcos estaba tan liberado de la tutela o influencia familiar que ni siquiera le pareció necesario comunicar a nadie que había otra persona más viviendo con él y si en algún momento su madre o hermana llamaban y alguien cogía el teléfono, les explicaba que tenía visita. Pero el problema de Ester fue de mayor dificultad. Ya cuando se fue a vivir con su amo sin casarse, a sus padres firmemente enraizados en una sociedad agrícola y de moral tradicional, no les pareció ni adecuado ni ético el que la niña viviera con un hombre, de modo que ahora, que vivía con dos el conflicto fue inmediato, por mucho que ella insistía en que simplemente compartían piso debido a lo caro de los alquileres. Tío Cayito y la Vivi pensaban que la Chiquita estaría mucho mejor donde su hermana, pero ante la terquedad de Ester en mantener la situación actual, no les quedó más remedio que callarse, aceptando a regañadientes la situación aunque para ellos resultase incomprensible. Así quedaron las cosas de momento.

Pero, como decía Churchill, se puede engañar a unos pocos durante mucho tiempo o a muchos durante poco tiempo, sin embargo resulta imposible ocultar la verdad a todo el mundo siempre. Una buena noche, a eso de las diez, llamaron a la puerta y dos individuos perfectamente trajeados preguntaron por el Sr. Doménech. Resultó que eran comerciales de una de las empresas del padre de Rafa y aprovechando la visita de trabajo que tenían que realizar a Valladolid, D. Pere les había encomendado encarecidamente que se informaran de la situación en la que se encontraba su hijo, a la vez que entregaban a este un suculento talón bancario para lavado de la conciencia del viejo Sr. Doménech y ayuda en los gastos del muchacho. Rafa volvió a renegar y maldecir de su padre, considerando que durante años no se preocupó por él y ahora que había madurado y se sentía feliz y motivado, tenía que enviar a sus esbirros a controlarlo. El impacto fue tan fuerte que llegó incluso a desandar un buen trecho en el largo camino que estaba recorriendo con ayuda de Marcos y de Ester para recuperar su maltrecha autoestima. Si por voluntad del chico hubiera sido, a no dudar que habría echado a la calle sin miramientos a ambos agentes comerciales. Pero Marcos, que se encontraba en casa, los invitó a pasar y con suma educación y tacto les hizo obsequio de unas cervezas. Ambos sujetos comunicaron que venían muy encargados de no retornar a Barcelona sin haber saludado al joven Sr. Doménech y haber inspeccionado el lugar donde vivía. Rafa se puso en pie y con grandes aspavientos y gritos de indignación, señaló a ambos empleados la puerta de la calle, pero de nuevo terció la mano izquierda y el tacto de Marcos, que paladinamente les mostró no sólo lo que querían ver sino la totalidad de la vivienda, excepción hecha, como es natural, de la cámara secreta o sala de juegos, como entre ellos designaban a la habitación habilitada para cuarto de tortura. Los catalanes, que no eran tontos, inmediatamente cayeron en la cuenta de que el hijo de su jefe vivía con una chica, es decir, vivía con una pareja. Lo que nunca pudieron averiguar, desde luego, fue en qué condiciones exactamente lo hacía. Pero no se mostraron remisos en comunicar su descubrimiento a D. Pere en cuanto regresaron a Barcelona. De esa manera, Rafa tuvo que decirle a su madre la verdad, al menos la parte de la verdad que no debiera de producir, a priori, un paro cardiaco en Dña. Nuria, o sea que compartía piso con una pareja, pero sin pasar adelante, por supuesto, en el tipo de relación que a los tres les unía y deshaciéndose en explicaciones para que a su madre le resultara menos traumático y eso era, precisamente, lo que Marcos pretendía: causar el mínimo daño posible todo el mundo sin renunciar ninguno de ellos a continuar con la vida que habían elegido vivir.

Por este motivo hubo un pequeño tira y afloja entre los dos. Rafael alegaba que no era capaz de comprender por qué no podía él enfrentarse a la situación de exponerle la verdad desnuda a su madre, mientras que el propio Marcos rehuía esa tarea. Este respondió que a él no le influía en absoluto el pensamiento de su madre y que no se tenía que liberar de ninguna tutela familiar mientras que en el caso de ambos jóvenes las cosas no eran así. Lo cierto es que la madre de Marcos apenas se comunicaba con su hijo más allá de una vez al mes y siempre por teléfono, y a la hermana aun no la habían visto nunca, aunque no tardaron mucho en conocerla.

De manera similar, un día se presentó en casa la hermana de Marcos, que se encontraba casualmente en Valladolid y le pareció conveniente visitar a su hermano sin ninguna otra intención oculta. El anfitrión hizo las presentaciones pero no tuvo reparo en decir que los tres compartían piso y Rafa y él compartían también novia. Sorprendentemente para ambos jóvenes, no ocurrió nada, no hubo ningún reproche o comentario impertinente por parte de la visitante. Es más: incluso llegaron a salir los cuatro a comer, pero Marcos y su hermana decidieron que era conveniente mantener a su madre al margen de aquellos asuntos que para ella resultarían terriblemente sórdidos y de todo punto incomprensibles. La madre de Marcos desconocía absolutamente el nivel económico en el que su hijo se movía, porque en ningún momento a lo largo de su vida había mostrado demasiado interés por saberlo, así como tampoco le causaba inquietud, ninguna de las facetas de la existencia de su primogénito, volcando en su hija todas las atenciones y cariño que una madre es capaz de dar. Tampoco Marcos echaba de menos esos afectos y a fuer de sinceros debemos decir que nunca hizo absolutamente nada por conseguirlos, pero de un modo u otro en aquella concreta ocasión, esa circunstancia favoreció al Sr. Laxe porque le resultó a su hermana fácil decir que debido a las adversas condiciones económicas del momento, Marquiños se había visto obligado a alquilar una habitación a un joven matrimonio y el embuste resultaba perfectamente creíble para la anciana señora superviviente de la época de los realquilados. Esta situación de engaño con la madre, se mantuvo todo el tiempo que duró la relación de los tres, aunque en alguna ocasión la anciana, intuitiva y observadora, había ido a visitarles y mucho nos tememos que se pudo haber percatado de toda o parte de la verdad. Sin embargo la distinguida y discreta señora jamás cometió la impertinencia de preguntar nada.

Faltaba entonces que el conocimiento de la situación llegase a la familia de Ester y como no hay dos sin tres, se presentaron también un día la hermana y el sobrino de la chica al parecer con la malsana intención de fisgar. Percatándose de que en la casa sólo había dos dormitorios, la Chiquita fue sometida a un interrogatorio de tercer grado hasta que no tuvo más remedio que confesar con cuál de los dos hombres dormía y llegados a ese punto, la inquisidora mostró tal eficiencia que la chica no tuvo reparo en contar, orgullosamente y con altanería que dormía con Marcos, a pesar de que Rafa resultaba también ser su novio, que se sentía feliz como nunca lo había sido y que hicieran el favor todas y todos de dejarla vivir en paz sin meterse en sus asuntos, considerando que nada se debían mutuamente. La hermana en un alarde de prepotencia y espíritu vengativo amenazó con contárselo todo a sus padres, pero Ester replicó muy alterada que lo único que conseguiría con eso sería dar a los viejos un profundo disgusto, porque ella de ninguna manera y bajo ningún concepto o forma de presión pensaba abandonar la vida que había elegido. Toda esta conversación, con abundantes elevaciones del tono de voz y salpicada de mutuos insultos y palabras malsonantes, se mantuvo en el dormitorio principal y a puerta cerrada, mientras los hombres esperaban en el salón. Isabel ya sabía quién era Marcos, pues su hermana llevaba tiempo viviendo con él. Al principio la mujer tampoco lo aceptó pero cuando tuvo conocimiento de la profesión que desempeñaba el letrado así como la categoría social y económica en la que se encontraba encuadrado, cambió bastante su hostil actitud hacia él. Ahora las cosas se repetían con Rafa, con el agravante de que el muchacho era simplemente un sargento del Ejército del Aire. Sin embargo Marcos ya había sido aceptado y Rafael lo sería también a buen seguro. Isabel y Marcos eran casi amigos, hasta tal punto que a la hora de despedirse, ella no tuvo reparos en pedirle una recomendación para Marianete, aunque tampoco mostró remordimientos de conciencia cuando contó a los padres de Ester, con pelos y señales, como vivía la Chiquita, lo cual efectivamente les produjo un serio disgusto y una honda preocupación, tanto a los viejos como a la joven, que realmente quería a sus padres todo lo que una buena hija puede querer y nunca había pasado por su imaginación, ni remotamente, darles un disgusto. Pero las decisiones valientes traen consigo enfrentamientos y cuando uno pretende abandonar el rebaño, siempre existe algún pastor vigilante que le azuza el perro. Todo esto tuvo la virtud de que los padres de Ester se negasen a conocer a Rafa durante un tiempo que a la chica le pareció insufrible, porque ella repartía su cariño entre Rafa, Marcos y sus padres, con lo cual le causaba un hondo pesar la triste situación. También resultó que Ester no volvió a dirigir la palabra a su hermana e impidió, por petición expresa, que Marcos interviniese de forma alguna para que Marianete consiguiera un puesto de trabajo. Al cabo de algún tiempo, tío Cayito, tía Vivi y Rafa llegaron a conocerse e incluso a hacer buenas migas. Pero el hijo de Isabel, se vio obligado a emigrar a Tenerife, donde todavía continúa trabajando en la construcción.

Después de cuatro meses de convivencia viendo con detenimiento infinidad de películas y estudiando multitud de revistas y novelas habían llegado ya a practicar casi todas las variantes que su escaso material les permitía. Marcos consideró entonces que estaban ya suficientemente preparados y dispuso que el primer fin de semana en que las obligaciones laborales de los tres lo permitieran, lo pasarían de compras en Madrid; desde el jueves por la tarde hasta el domingo por la noche, aunque Marcos tuviera que abandonar por un día su trabajo y desatender sus negocios. Resultaba evidente que las variantes a las que habían tenido acceso hasta aquél momento, se les estaban quedando pequeñas. Ester ya había obtenido el permiso de conducir, disponía de más tiempo libre y ya se sabe que de la ociosidad nace el deseo. Por otra parte, Marcos se había ocupado con extraordinaria eficacia de que la trasladasen de la infernal y estresante UVI a una de las más tranquilas plantas del Hospital como es la cuarta sur, Oftalmología. Este cambio en el trabajo, propiciado por los contactos de su amo influía también en las ganas de juerga de la chica, pues como ella decía, “la mitad de los días voy al Hospital a descansar”.

También su amo-novio-amigo se ocupó de proporcionarle un vehículo. Por entonces había lanzado Renault el modelo Clío y la chica adquirió uno; además, el Sr. Laxe se lo financió en treinta y seis meses a interés cero. Al principio de la relación a Ester le costaba aceptar toda esta dedicación para con ella y su amo debía insistir en que aceptase. Pero la verdad era que aquellas atenciones lograban que la mujer se encontrase cada día más feliz y más convencida de haber acertado el día que decidió compartir su vida con un hombre así. Por otra parte tenía a Rafa, que le proporcionaba la pasión y la fogosidad que Marcos no podía darle y en definitiva lo cierto era que nunca se había visto la muchacha más colmada de atenciones.

El amo también tuvo que cambiar de vehículo, con gran sentimiento por parte de Rafael que estaba enamorado del deportivo. El hecho era que los tres no cabían con comodidad en el Alpine y no parecía procedente desplazarse tres personas en dos coches, así que Marcos se desprendió del deportivo y adquirió un Renault 25 que acababa de salir al mercado.

En ese vehículo partieron los tres un jueves después de comer para pasar el fin de semana en Madrid, de compras.

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