jueves, 12 de noviembre de 2009

XIII LA CONVIVENCIA



Se hacía imprescindible y urgente establecer unas pautas de convivencia, tanto en lo económico como en lo afectivo y social así como una jerarquía. Esta última resultó fácil: Marcos no renunció a sus privilegios sobre la esclava de modo que la “preeminencia en el mando” como le gustaba definirla al sargento, empezaba por Marcos, seguía con Rafael y terminaba en Ester. Pero el letrado le aseguró a Rafa que podría tener sexo con la sumisa siempre que lo demandase y la posibilidad de azotarla cuando él creyese necesitarlo o ella merecerlo, así como estar presente y participar en las sesiones. Todo esto fue decidido entre ambos sin que Ester interviniese para nada, aunque como resulta lógico suponer y así era en efecto, varios meses antes de decidirse a insertar el anuncio, ya tenían ambos concretado, de común acuerdo, los derechos y libertades que concederían a la persona que integraran en su relación.

La pareja continuó utilizando su alcoba, la de la cama grande y Rafa pasaría a ocupar el dormitorio pequeño que aunque era el de invitados, nunca se utilizaba porque Marcos y Ester no tenían invitados. A Rafael todo le pareció bien pues con la posibilidad de convivir con una sumisa se daba por satisfecho.

Pero en donde intervinieron los tres en pie de igualdad fue en el reparto de las cargas económicas y la manera de organizar la contabilidad en una especie de hoja de ingresos y gastos. Marcos propuso que todos los ingresos entraran a formar parte de una caja común. De ahí se descontarían los gastos no solamente de energía, comunidad y mantenimiento del edificio sino que la compra semanal o diaria se realizaría con cargo a esa bolsa, así como el sueldo de la señora de la limpieza que por acuerdo de todos se decidió mantener. Si a fin de mes sobrase algo, se repartiría a partes iguales entre los tres, para que cada uno atendiera a sus necesidades personales de ropa, gasolina, etc. Esta era la forma en que nuestra pareja tenía organizadas sus finanzas desde hacía años, pues a pesar de la manifiesta relación amo – esclava, en lo tocante a la independencia económica así como a las actividades profesionales ambos estaban en pie de igualdad, como no podía ser de otro modo. Rafa puso reparos porque no le pareció ético el reparto cuando se enteró de que Marcos ganaba el doble que Ester y él juntos. Ambos jóvenes tenían un sueldo similar, pero los ingresos del abogado doblaban la suma de los dos salarios.

_ No me parece bien Marcos -decía el chico-. Ganas cuatro veces más que yo, no me cobras alquiler y encima quieres compartir ingresos y gastos. Me parece que te estoy estafando.

_ No creas. Lo que yo quiero es que vivas con nosotros -A Marcos le encantaban aquellos espontáneos arranques de bondad del muchacho. Le parecía que un chico con esos escrúpulos merecía la pena, no solamente como amo para Ester sino como persona y como amigo. -Así que no pienses que me estás estafando. Me gustaría que dentro de lo que yo pueda, seamos los tres felices aquí.

Rafa estaba adquiriendo a marchas forzadas experiencia como amo y sus conocimientos eran ya los suficientes como para saber con meridiana claridad lo que pretendía, aunque aun todavía ignoraba el camino por el que debía transitar para conseguirlo. Pero quiso tener las cosas claras desde el principio. Necesitaba saber lo que podía y lo que no podía hacer, hasta dónde le estaba permitido llegar y cuáles eran los límites que nunca se podrían traspasar. Por eso pidió a Marcos que, con la mayor brevedad, le explicara detalladamente hasta dónde estaba dispuesto a llegar en la entrega de su sumisa, qué castigos aguantaría ella y a qué humillaciones podía ser sometida. Marcos le respondió que necesitaba pensarlo con cierto detenimiento y hablarlo con Ester, porque no era cosa de equivocarse y durante una sesión decidir que por aquella vía no se podía avanzar. Rafael no le dio a eso demasiada importancia, porque pensaba que de la misma manera que él iba corrigiendo sus posibles defectos como amo durante las conversaciones que se mantenían después de cada sesión, también de igual forma se podrían pulir las limitaciones de la esclava. Pero lo que sí necesitaba era conocer cuanto antes los límites, al menos en líneas generales, porque su mente explotaba de fantasías y deseos y quería saber cuáles de ellos podría llevar a la práctica.

Así que Marcos, previa deliberación con Ester, trató de elaborar una lista con los castigos y humillaciones que la sumisa estaba dispuesta a aceptar y otra con las restricciones a los mismos. Un día, después de siesta, estando los tres juntos se la comentó:

_ He hecho una especie de relación, válida para los dos, porque yo pienso o siento que Rafa y yo somos tus amos, aunque yo me encuentre en primer lugar-aclaró dirigiéndose a Ester- de modo que la vamos a exponer, si os parece.
Echando mano a unos papeles que llevaba escritos comenzó a leer:

_ Puede permanecer siempre desnuda mientras esté en casa haciendo independientemente de lo que esté haciendo o ponerse en la postura que se le indique, salvo las dos tardes que viene la señora de la limpieza o si hay en casa alguien de la familia o algún amigo que no sepa de qué va esto ni a nosotros nos interesa que lo sepa.

_ ¿Quiere decir esto -interrumpió Rafa- que podemos decírselo a alguien?

_ Por supuesto, eso ya lo especifico más adelante. Cuando pase cierto tiempo estoy seguro de que necesitaremos mostrar a otros el poder que tenemos sobre ella y Ester también quiere que más gente se entere de todo lo excepcional que nos entrega, para que sepan que es maravillosa como mujer y única como sumisa. Entonces hay que establecer unas normas de quienes pueden ser esos otros y en qué condiciones.

_ A mí no sé si me gusta que esto lo sepa más gente -dijo Rafa- porque enseguida se corre la voz.

_ Ese asunto ya lo decidiremos -replicó el letrado- pero yo sé que tanto tu, como yo, como ella, necesitaremos tarde o temprano que participe más gente. Yo no lo impongo, solamente lo digo y más adelante, si me dejas continuar explicaré en qué condiciones Ester estaría dispuesta a aceptar eso.

Se hizo el silencio y Marcos siguió, consultando los apuntes que llevaba:

_ Puede permanecer sin hablar el tiempo que queramos, respondiendo sólo a nuestras preguntas o simplemente “sí” o “no” con la cabeza. También tiene la obligación de obedecernos siempre con toda la rapidez y diligencia que pueda. Está también obligada a retirarse de nuestra presencia cuando se lo indiquemos.

_ ¿Quién establece -interrumpió Ester- si la rapidez en obedeceros es la suficiente?

_ Nosotros, por supuesto. Está claro que esto es como las ordenanzas militares y de eso Rafa sabrá bastante. Todas terminan con un artículo que dice: “En todo caso se estará a lo que ordene el mando”

_ Eso me gusta -aprobó Rafa. Y Marcos continuó:

_ Tiene que tener siempre todo su cuerpo y su mente a nuestra disposición: su coño, sus manos, sus tetas, piernas, boca, espalda, nalgas, culo... Todo nos pertenece y podemos usarlo como queramos y cuando queramos dentro de los límites que comentaremos ahora.

Ester asistía a toda aquella exposición de intenciones como si de lo que se estaba tratando no fuera del uso y abuso de su cuerpo, como si el asunto no revistiera importancia para ella. Manteniéndose en silencio, sólo de vez en cuando se permitía hacer algún comentario o solicitar alguna aclaración. Sin embargo, se sentía íntimamente muy orgullosa de saber que era capaz de darle a Marcos y como consecuencia a Rafael, cosas que ninguna otra mujer les proporcionaría.

_ La podemos atar y ordenar que permanezca atada en la postura que queramos, salvo de rodillas y durante el tiempo que queramos. Las ataduras requieren una técnica, si no pueden resultar peligrosas, sin embargo, son necesarias porque si la intensidad del castigo es mucha, no hay nadie que pueda aguantar demasiado dolor sin moverse, aunque al principio, antes de empezar se lo proponga. Si te parece, yo te iré enseñando a atar.

_ Ya lo estoy deseando -dijo Rafael demostrando su impaciencia por entrar en la totalidad el mundo sadomasoquista. Y preguntó: -¿Por qué de rodillas no?

_ Porque tiene los meniscos jodidos, sobre todo el derecho- Marcos continuó:

_ La podemos amordazar y vendarle los ojos. Lo de la mordaza puede ser por simple morbo o para evitar que grite durante los castigos si son demasiado duros. Tendremos que decidir si preferimos oír sus quejas o no. Lógicamente no podemos pretender que grite hasta que asuste a los vecinos pero esas cosas las resolveremos sobre la marcha.

_ Me gusta oír sus quejas. –Dijo Rafa- Además, sé que conseguiré que no se queje aunque el dolor sea mucho. Sigue Marcos.

_ Lo de darle bofetadas en la cara, las piernas o las nalgas casi no es necesario decirlo y lo de la lluvia dorada o el semen en cualquier parte de su cuerpo tampoco. Vamos a entrar en el tema de los azotes. Podemos dárselos con fusta, látigo o regla, en las piernas, las nalgas o la espalda. En las tetas o el vientre hay que ir con cuidado ya que con cierta intensidad son peligrosos porque pueden dañar órganos importantes y en la cara dejarían señales que las vería todo el mundo... También podemos clavarle agujas, a manera de inyecciones, pero exclusivamente en las nalgas y con agujas de un solo uso, de las que se emplean en sanidad. Digo esto porque quizá llegue un momento en que nos apetezca verla sangrar o hacerle sangre. Hay gente que tiene fijación con la sangre y no sabemos si tú o yo somos una de esas personas. Nunca he probado eso, la verdad, pero quizá no quiera morirme sin hacerlo.

_ De entrada eso de la sangre no me va -afirmó Rafael- pero no quiero descartar nada porque me estoy empezando a conocer a mí mismo y no tengo ni idea de dónde voy a terminar. A propósito de señales ¿Podemos dejarle marcas?

_ A eso iba. Podemos dejar marcas siempre que sea en un sitio donde ella las pueda ocultar, lo cual nos limita exclusivamente a las nalgas. Ester suele ducharse en el gimnasio pero puede entrar en la ducha con el pantalón de deporte y volver a salir igual. Lo que no puede hacer es entrar vestida para ocultar las marcas de los latigazos en la espalda o las piernas.

_ ¿No podremos entonces azotarla a placer nunca? -en la agradable cara de Rafael se dibujaba un mohín de desilusión. Resultaba extraño que un muchacho de apariencia dulce y sensible estuviera manteniendo aquella conversación y más todavía que pareciera disgustarse ante la posibilidad de no poder azotar a una amiga, casi a una amante con verdadero ensañamiento.

_ Podremos hacerlo durante los primeros quince días de vacaciones, porque así tendremos otras dos semanas para que las marcas desaparezcan. También se puede aumentar un poco la intensidad de los azotes los viernes para así dar tiempo, durante el fin de semana, a que las señales no se noten el lunes. Hemos de tener cuidado, porque si se rompe la piel, la marca durará muchos días.

_ ¿Y cómo sabré yo si rompo o no la piel?

_ No puedo darte una regla para eso, pero por lo general, si aparece la sangre hay que parar.

Ambos amos pensaron después que con una buena pomada cicatrizante, aplicada a continuación de producirse el traumatismo se podría solucionar ese problema. También existían pomadas anticoagulantes para eliminar más rápidamente los cardenales y encargaron a Ester que consultara sutilmente a compañeras de trauma, sin decirles el propósito ultimo de las preguntas, para saber qué otros productos existían en la farmacopea capaces de acelerar la cicatrización y evitar los moratones. Resuelto esto, Marcos continuó:

_ Tiene obligación de darnos placer acariciando y lamiendo cualquier parte de nuestro cuerpo, excepto el ano después de haber hecho de vientre y antes de lavarnos. También podemos obligarla a comer y beber en un plato en el suelo, puesta a cuatro patas y sin utilizar las manos. Insisto en que todo esto son ideas, pero nosotros no estamos obligados a nada y en todo caso las actividades las distribuiremos a nuestro antojo.

A Rafa cada vez le iba gustando más aquello. Era verdaderamente amplia y atractiva la gama de posibilidades que se le estaba ofreciendo y tenía la seguridad de que sería capaz de divertirse y gozar del sexo como nunca lo había hecho, penetrando por fin en aquél mundo nuevo, diferente y desconocido que desde la adolescencia presintió que existía aunque nunca fue capaz de darle un nombre.

_ Está obligada a servirnos junto con otro u otros esclavos o esclavas. Evidentemente para ellos podrán regir otros límites pero a Ester no podemos ordenarle hacer con ellos lo que no está permitido que le hagamos a ella misma.

En ese punto volvió a preguntar Rafael:

_ ¿Qué quieres decir con eso? Lo primero que no entiendo es de donde vamos a sacar más esclavos o esclavas...

_ Hay muchos más esclavos de los que a ti te parece -interrumpió Marcos- se trata de entrar en contacto con ellos a través de revistas especializadas o simplemente de Clima. En cuanto a lo otro, no podemos, por ejemplo, ordenarle actividades escatológicas con un esclavo, porque tampoco las practicará con nosotros, no podemos decirle a un esclavo o permitirle a otro amo que la azote con más intensidad de lo que nosotros mismos lo haríamos. Es decir, que sus limitaciones no son solamente con nosotros, son limitaciones para todo el mundo. También podemos exhibirla delante de amigos o amigas a los que ella obedecerá igualmente bajo las mismas condiciones. Cuando nos apetezca, podemos darle por el culo meterle consoladores o las bolas chinas y ella tiene la obligación de soportar tanto los consoladores como las bolas todo el tiempo que nosotros creamos conveniente, incluso por la calle. En todo caso tendrá que ser siempre con vaselina, lubricante o cualquier crema apropiada. Lógicamente no más de seis horas seguidas, porque eso podría producirle daños, pequeñas hemorragias y cosas así.

Llevaban ya de varios meses de fructífera relación y algunas maravillosas semanas de convivencia y hay que tener en cuenta que casi la mitad del tiempo que permanecían juntos lo dedicaban a hablar sin tapujos de sus anteriores experiencias, de sus frustraciones y de sus deseos. Por eso Rafa ya conocía las actividades a las que Ester había estado sometida durante su relación con Marcos y le encantaba pensar que un día podría salir de paseo con ella, o ir a una discoteca o al restaurante sabiendo que su esclava tenía un consolador profundamente hundido en el culo y que nadie más que ellos o las personas que ellos quisieran lo sabrían. Ese tipo de juegos en lugares públicos le excitaba muchísimo y no veía el momento para ponerlos en práctica. Marcos, después de algunos comentarios y aclaraciones sobre el último punto, continuó:

_ Podemos ponerle supositorios de glicerina o enemas cuando lo juzguemos conveniente, sabiendo que eso va a provocar inevitablemente la necesidad de ir al servicio. Está obligada a orinar y defecar en nuestra presencia, en la postura que nosotros elijamos. Eso forma parte del juego de la humillación aunque repito que no tocará las heces ni de ella ni de nadie. También podemos ponerle pinzas en la nariz, los labios, los pezones, el coño... Casi en cualquier parte del cuerpo. Podemos echarle gotitas de cera hirviendo en el sitio que queramos menos en la cara, porque hay riesgo de que caigan en los ojos y se pueden producir quemaduras.

_ Lo de las quemaduras estoy de acuerdo, aunque sé cómo hay que hacer con la vela para no quemar demasiado. -aprobó Rafa- sin embargo, me parece que con vendarle los ojos es suficiente para que no haya posibilidad de que le caiga la cera en ellos.

Resultaba evidente que el chico no iba a permitir, así por las buenas, que ningún tipo de actividad sadomasoquista pasase por delante de él sin llegar a experimentarla a fondo. Había leído muchos relatos S/M y sabía que cuanto más se separase la vela de la piel, menos abrasadora resultaba la gota de cera, por lo tanto él estaba convencido de que podría jugar también a arrojar cera hirviendo en la cara de la esclava. Aun así, Marcos creyó conveniente insistir en el asunto significando que a ellos no les estaba permitido producirle marcas en ninguna parte del cuerpo salvo las nalgas, a excepción de los quince primeros días de vacaciones.

_ ¿Cuándo nos vamos de vacaciones? -preguntó Rafa sonriendo- A partir de ahora me gustarán más que nunca.

_ Para terminar -continuó Marcos- seremos nosotros quienes decidamos cuando y como obtiene un orgasmo, en que postura, en donde y con qué frecuencia.

_ En el “cómo” y en el “dónde” estoy de acuerdo, pero -objetó Rafael - el “cuándo” nos va a ser imposible. ¿Es que podemos controlar si se hace una paja?

_ Efectivamente -afirmó Marcos-. Hay unos sistemas como la red o el cinturón de castidad que pueden impedir que se masturbe sin nuestro consentimiento.

_ O sea, que al final realmente se va a correr solo cuando nosotros queramos -Rafa, tercamente, quería asegurarse también el control de aquella importantísima función de la esclava.

_ Así es. Lo hará cuando uno de los dos la autoricemos o nos apetezca que lo haga. Más o menos ya lo controlamos ahora. Hay un par de cosas más a comentar: podemos vestirla de puta, con la ropa que queramos y maquillarla como a una buscona si nos apetece hacerlo para que vaya así incluso por la calle. Está claro que en Valladolid no, pues ya has visto que aquí nos conoce mucha gente y no sería correcto que vieran a Ester vestida demasiado llamativamente, que ya bastante sugerente va cuando sale conmigo, porque yo así se lo mando. También podemos depilarle, todo el cuerpo o parte de él, con cera o como queramos.

_ Pues la depilaré -afirmó Rafa- salvo un poquito de pelo en el sexo.

_ De acuerdo. Te diré también que existe todo tipo de ropa sexy en las revistas especializadas que la venden por catálogo. También en los buenos Sex Shops de Madrid la hay, así como el cinturón o la red de castidad y toda clase de material.

_ Tenemos que ir de compras a Madrid -aseguró Rafa sin dudarlo. Y continuó:

_ Bueno sigue, porque a este paso no terminaremos nunca.

_ No estás obligado tú personalmente -continuó Marcos- de guardarle fidelidad aunque yo sí se la guardo. Quiero decir que puedes salir cuando quieras a ligar o puedes estar con otra, con la única salvedad de que es necesario que nosotros lo sepamos, no queremos mentiras. Ya te dije el primer día que la promiscuidad no nos gusta, de modo que si habitualmente andas por ahí de ligue las cosas no irán bien. Pero una cosa es la promiscuidad y otra echar una canita al aire. Si quieres y te da morbo, incluso ella misma podría acompañarte a ligar, quedándose en segundo plano o si no que se quede en casa. En ese sentido tienes una libertad total. Puede acompañarte a la disco y quedarse en la barra mientras tu bailas, puedes hacer creer a tu ligue que ella es tu chofer... En fin, ya sé que tienes imaginación suficiente.

_ Sin embargo, no me gusta eso. Prefiero estar con vosotros. Al menos de momento. Pero está bien saber que si un día se me pone a tiro una tía buena me la puedo follar sin ninguna consecuencia. Yo ya me lo imaginaba, porque al fin y al cabo soy su amo, pero me gusta que me lo confirmes. Aunque quiero que sepas –dijo dirigiéndose a Ester- que tú tienes absolutamente prohibido tener relaciones con nadie sin nuestro consentimiento.

Ester aseguró que eso lo daba por sentado y Marcos continuó:

_ Podemos exigirle que practique cualquier tipo de sexo con otros esclavos o esclavas, siempre teniendo presentes las restricciones que ya sabemos y otras de las que hablaremos más adelante. Si te excita ver sexo en directo, puedes ordenarlo cuando quieras. También puede luchar con otros esclavos o esclavas en nuestra presencia para divertirnos. Podemos establecer un premio para quien gane y un castigo para quien pierda. Las reglas, lógicamente las ponemos nosotros, siempre respetando las restricciones de las que hemos hablado tantas veces. Podemos alquilarla a cambio de dinero, cederla o prestarla, siempre que sea por tiempo limitado, como mucho tres o cuatro días, porque yo con quien quiero estar es con ella.

_ Creo que eso me encantaría. Es decir, las tres cosas, tanto ver sexo en directo como lo de la lucha o el alquiler. Cuando te la chupa a ti o le das por el culo y yo estoy mirando me pongo a cien. Sigo creyendo que será difícil encontrar más esclavas y en todo caso encontrar alguna que quiera luchar con una mujerona como ella.

_ Encontraremos más esclavos. Te aseguro que los hay. Otra cosa será esclavas, eso es más difícil; no porque no las haya, sino porque lo ocultan más o no se atreven a manifestarlo. En cuanto a la lucha, nosotros podríamos ordenar que uno de los dos peleara con una mano atada a la espalda si la diferencia de fuerza es muy grande o si la obligamos a combatir contra un tío. Y ya para terminar -continuó Marcos- aunque normalmente dormirá conmigo puedes ordenarle algún día dormir en la alfombra de tu habitación, para estar cerca de ti y a tu disposición toda la noche. Todo esto evidentemente durante los fines de semana y vacaciones, porque el resto de los días no creo que tengamos demasiado tiempo para jugar. Los tres trabajamos y durante la semana hay que dormir. Ya casi estoy terminando. Estamos obligados a no ordenarle nunca tocar las heces ni jugar con ellas ni las suyas ni las de nadie e insisto en esto porque no lo soporta. Puede hacer de vientre en nuestra presencia, en cualquier lugar, no necesariamente en el servicio porque eso entra dentro del juego de las humillaciones...

_ Bien. Ya soy consciente de que la escatología está prohibida.

_ También es necesario que la ames, que la azotes con cariño. -siguió Marcos- Ya te explique que una sesión es una forma de hacer el amor, por lo tanto me gustaría que recibiera tus castigos como recibe los míos: acompañados de grandes y espero que sinceras, manifestaciones de afecto. Como lo estás haciendo hasta ahora.

_ No me cuesta hacerlo -concedió Rafa- porque siento un gran cariño por ella.

_ Otra cosa más es la higiene y vuelvo a insistir también en esto. Es necesario que te laves y la ordenes a ella lavarse siempre antes de empezar con una sesión de sexo de cualquier tipo y esto vale también para las demás personas que pudieran participar. No quiero decir que tengas que ducharte para azotarla pero si para practicar cualquier tipo de sexo.

Rafa recordó que estaba acostumbrado a ducharse siempre antes del sexo. Pero no dijo nada y Marcos continuó:

_ Si lo hacemos con gente desconocida también es necesario el condón. No quiero que chupe o que la folle un tío desconocido y a pelo.

_ Nunca follará con desconocidos -aseguró Rafa- al menos si de mi depende. Una cosa es una sesión, que la presencien o la sufran y otra es follar. No te digo que un día no llegue a casa con alguien a quien ella no conozca y la obligue a realizar cualquier cosa en su presencia, pero te aseguro que follar no.

_ Una última cosa: no se puede grabar ni permitir que se grabe una sesión o parte de ella por ningún medio de reproducción de la imagen o el sonido. Esto incluye fotos, a no ser que nadie la pueda reconocer ni a ella ni tampoco el sitio donde las fotos están hechas. Quiero decir que si estamos en la habitación de un hotel y le hacemos una foto con la cara tapada o grabamos una sesión en la que no se la vea la cara ni se pueda reconocer el lugar, no importa. Pero en casa no, porque si llegara a caer en malas manos, aunque no se le viera la cara, sabrían que es ella por asociación con el lugar, porque podrían reconocer la casa.

_ Nada de fotos, de eso nada -interrumpió Ester que había permanecido en silencio durante toda la conversación atendiendo a medias al periódico y a la charla de Rafael y Marcos- las fotos nunca se sabe en qué manos van a caer. A mí desde luego que no quiero que me hagáis ninguna.

_ Eso está claro -dijo el chico-. Además me parecen bien las restricciones que ha dicho Marcos. Es decir: se te pueden hace fotos siempre que sea imposible reconocerte a ti o asociar contigo el lugar donde están hechas.

_ Justamente. Yo sé -aclaró el letrado- que quizá para captar a más gente será interesante publicar en las revistas de contactos fotos suyas. Entonces nos las haremos en un hotel o en el campo y después en presencia de los tres se destruirán los negativos

_ De acuerdo.

Hay que significar ahora, como el sufrido lector tendrá ocasión de comprobar si continua interesándole este relato, que todos estos límites y restricciones fueron cayendo poco a poco con el transcurso del tiempo. Y si no todos al menos una importante parte de ellos, de suerte que, pasados unos meses, nada tenían que ver las restricciones que quedaban vigentes con las que en principio se pactaron. Pero eso es una buena señal, pues denota la tenacidad y buen hacer de los amos por ir derribando barreras y traspasando lindes y la buena disposición de la esclava para conseguir satisfacer cada vez más y mejor a sus dueños.

En casa de Marcos y Ester se recibía mucha prensa. Diariamente llegaba El País, semanalmente la revista de política y sociedad Cambio 16, así como El Socialista, órgano oficial del PSOE. Mensualmente se recibía Historia 16, revista especializada en Historia y también Mundo Obrero que era al Partido Comunista lo que El Socialista era al PSOE. Pero a partir de que Rafa se instaló allí, la prensa aumentó. Semanalmente recibían las revistas de contactos “LIB” y “CLIMA” y mensualmente SadoMaso. Esta, como su nombre indica, era una revista especializada en el tema que nos ocupa y resultaba de inapreciable valor para los tres, porque además de incluir excitantes relatos y posibles contactos, explicaba detalladamente y con abundante apoyo fotográfico muchas técnicas y adjuntaba una lista de vídeos recomendados que ellos se apresuraban a traer del Sex Shop. Disfrutaban los tres juntos de la película y posteriormente los amos trataban de llevar a cabo con su esclava las escenas que habían visto en la cinta si les habían resultado excitantes, agradables o simplemente llegaban a pensar durante el visionado que ellos también podrían hacer aquello. Marcos le enseñaba a Rafa pacientemente la forma de atar con rapidez y seguridad, practicando nudos y maneras de inmovilizar dependiendo del tipo de juego que se fuera a realizar después y de sus propias intenciones. El chico, que siempre hemos dicho que era inteligente, aprendía con gran rapidez porque además, se sentía extraordinariamente motivado.

Por otra parte, las sesiones de sexo y sado se realizaban casi exclusivamente los fines de semana o festivos como Marcos imaginó, porque los días laborables no había tiempo, ni ocasión y muchas veces tampoco ganas, ya que andaban los tres bastante cansados. Incluso había sábados o domingos en los que Rafa o Ester tenían que trabajar, con lo cual el tiempo verdaderamente disponible no era excesivo, aunque lo aprovechaban plenamente.

Por lo demás ninguno de ellos descuidaba su entrenamiento físico y Ester se estaba preparando para la obtención del carné de conducir porque hasta entonces, entre el trabajo, sus estudios de Medicina y el hecho de que Marcos era quien llevaba el coche cuando salían de viaje, había traído como consecuencia que Ester siempre posponía el acudir a la autoescuela. Pero últimamente su amo se puso pesado y ella decidió por fin hacer el esfuerzo. De los tres el que menos trabajaba era Rafael, pues ya se sabe que el ejército no se caracteriza por atosigar de faena a sus componentes. Ester estaba más ocupada, sobre todo porque no dejaba de estudiar, aunque tampoco sus obligaciones eran agobiantes, porque el estudio verdaderamente era para ella una distracción. De modo que cuando alguno de los dos se quejaba de estar cansado, a Marcos le hacía gracia porque él trabajaba doce horas diarias mientras que la jornada de Ester era de siete y la de Rafa de cinco, más los días de guardia. Con esto, realmente era Rafa quien más disfrutaba del cuerpo de Ester pues jugaban prácticamente un día sí y otro no, a excepción de la semana de noches de la chica y del día que Rafa tenía guardia. Pero los fines de semana y puentes, se dedicaban al sado y al sexo.

También consideraron los tres conveniente introducir algunos cambios en la casa, debidos a la necesidad de adaptarla al nuevo número de ocupantes. Ya hemos dicho que Marcos y Ester continuaban el dormitorio principal, con su cama de uno cincuenta, y Rafa pasó a ocupar el de invitados, donde había dos camas: pero hubo más cambios que Marcos promovió. Le pareció conveniente transformar el cuarto pequeño en una cámara apropiada para la práctica de sus juegos favoritos. La habitación permanecía vacía y los tres consideraron que la propuesta del letrado de montar allí una estructura adecuada para todo tipo de actividades inconfesables resultaba no solamente aceptable sino apetecible. Era menester guardar en algún sitio el material que pensaban ir adquiriendo, porque hubiera resultado verdaderamente impactante e incluso traumático para la señora de la limpieza encontrarse determinados objetos por la casa. Marcos se encargó de organizar los cambios y mandó construir un pilar de madera en forma de prisma cuadrangular, de treinta centímetros de lado y con altura suficiente para anclarlo firmemente al suelo y al techo. Previamente, habían hecho instalar una cerradura en la puerta de la habitación, que hasta aquel día disponía sólo de picaporte, cuya llave estaba escondida a buen recaudo. La ventana, que daba a la terraza, permanecía siempre cerrada y con la persiana bajada. De esta forma, a la mujer que venía a limpiar dos tardes por semana se le negaba absolutamente la oportunidad de echar un vistazo a la nueva cámara y se le explicó que de allí en adelante la casa tenía una habitación menos a efectos de aseo y limpieza. No sabemos lo que la extrañada señora pensaría en aquél momento, porque se abstuvo de hacer ningún comentario, pero teniendo en cuenta que la superficie a limpiar disminuía y el sueldo permanecía constante, entendemos que no le debió parecer mal, aunque está claro que su curiosidad nunca quedó satisfecha. Cuando el pilar de madera estuvo terminado, el propio Marcos lo montó en el centro de la habitación y colocó una argolla en su parte superior y otra en la parte inferior.

El siguiente paso fue adquirir una mesa o una tarima, algo elevado donde poder tumbar y atar a la esclava mientras los amos permanecían de pie. Entre los tres pensaron que lo más conveniente sería una camilla, como las que existen en las consultas médicas donde se tumba el paciente para ser examinado por el profesional. Ester dijo que la mejor opción, dentro de la gran variedad que hay en el mercado, era una mesa de partos o camilla de ginecólogo, porque ese artilugio dispone de un par de soportes diseñados para que la parturienta apoye las piernas. Esto podría utilizarse perfectamente para mantenerla a ella con las piernas elevadas y separadas si se procedía a atarla firmemente por los tobillos a los soportes. Además, las mesas de partos llevan instalado en su parte inferior un recipiente, a modo de depósito, que teóricamente sirve para recoger el líquido amniótico u otros fluidos corporales que la mujer puede expulsar durante un alumbramiento y en el caso que nos ocupa, ese recipiente sería perfecto cuando los amos decidieran suministrar un enema o unos supositorios a la esclava, manteniéndola a pesar de todo perfectamente atada a la camilla e inmovilizada. En aquella habitación se instalaron también unas repisas, donde tenían el propósito de ir colocando todo el material a medida que lo fueran adquiriendo. Compraron en una tienda de bricolaje dos varas de madera, de treinta milímetros de diámetro y un metro veinte de largo y Marcos atornilló una argolla en cada extremo de cada vara y otra en su parte central, del suficiente diámetro las tres como para poder pasar una cuerda o incluso una pequeña cadena a través de ellas. Con todas esas ayudas pensaban los amos que no les resultaría excesivamente complicado inmovilizar a la esclava manteniéndola de pie, pero con los brazos y las piernas separadas, en forma de cruz de San Andrés, atada cada extremidad a cada una de las argollas de las varas y el cuello al poste central de la habitación, De este modo cualquier parte del cuerpo de Ester les sería inmediatamente accesible.

La mayoría de las ideas útiles sobre el material necesario o apropiado, las extraían de la revista SadoMaso. En otras ocasiones resultaba ser algún utensilio que formaba parte de un castigo que habían visto en alguna película y a cualquiera de ellos les parecía de gran utilidad y simpleza, porque tampoco eran partidarios de proveerse de aparatos demasiados sofisticados o con gran complejidad técnica. Hacían partícipes de sus ideas y expectativas los unos a los otros para entre los tres decidir cuáles deberían ser, por el momento, los artilugios mínimos imprescindibles.

En otro orden de cosas, Marcos adquirió un local próximo, lo suficientemente amplio como para que pudiera servir cómodamente de cochera para dos vehículos, pues su vivienda tenía asignada una sola plaza de garaje en el edificio. Rafa se desplazaba irremisiblemente al trabajo en su coche y era previsible que Ester comprase uno en cuanto obtuviera el permiso de conducir, porque entonces el servicio de autobuses que sufría la ciudad era patético y la chica tenía serios problemas para realizar el trayecto desde casa al Hospital y viceversa.

En principio, ninguno de los tres tuvo el valor suficiente para comunicar a nadie el cambio que se había operado en sus vidas. El sargento Doménech se limitó a poner en conocimiento del mando, por vía reglamentaria, su nuevo domicilio, mientras que ni a Ester ni a Marcos les fue necesario hacer nada en relación con su trabajo o con los negocios de él, pues ambos continuaban viviendo en el mismo lugar. De este modo, a todos los efectos oficiales lo único que había variado era el lugar de residencia del sargento Doménech. La familia de Rafael estaba en Cataluña y aunque el muchacho continuaba manteniendo la inveterada costumbre de telefonear a su madre todos los viernes, había explicado simplemente que estaba compartiendo piso, porque de esa forma se encontraba más a gusto y con mayor libertad que en la base. Doña Nuria se preocupó un poco al principio, pensando que quizá su hijo no fuera capaz de organizarse sin ayuda ni guía, pero Rafa le explicó en reiteradas llamadas que esa era la forma de vida que consideraba apropiada para él, que sus compañeros de piso eran gente buena, amable y educada y que no había motivo para preocuparse porque, además, él no era un niño de pecho. Marcos estaba tan liberado de la tutela o influencia familiar que ni siquiera le pareció necesario comunicar a nadie que había otra persona más viviendo con él y si en algún momento su madre o hermana llamaban y alguien cogía el teléfono, les explicaba que tenía visita. Pero el problema de Ester fue de mayor dificultad. Ya cuando se fue a vivir con su amo sin casarse, a sus padres firmemente enraizados en una sociedad agrícola y de moral tradicional, no les pareció ni adecuado ni ético el que la niña viviera con un hombre, de modo que ahora, que vivía con dos el conflicto fue inmediato, por mucho que ella insistía en que simplemente compartían piso debido a lo caro de los alquileres. Tío Cayito y la Vivi pensaban que la Chiquita estaría mucho mejor donde su hermana, pero ante la terquedad de Ester en mantener la situación actual, no les quedó más remedio que callarse, aceptando a regañadientes la situación aunque para ellos resultase incomprensible. Así quedaron las cosas de momento.

Pero, como decía Churchill, se puede engañar a unos pocos durante mucho tiempo o a muchos durante poco tiempo, sin embargo resulta imposible ocultar la verdad a todo el mundo siempre. Una buena noche, a eso de las diez, llamaron a la puerta y dos individuos perfectamente trajeados preguntaron por el Sr. Doménech. Resultó que eran comerciales de una de las empresas del padre de Rafa y aprovechando la visita de trabajo que tenían que realizar a Valladolid, D. Pere les había encomendado encarecidamente que se informaran de la situación en la que se encontraba su hijo, a la vez que entregaban a este un suculento talón bancario para lavado de la conciencia del viejo Sr. Doménech y ayuda en los gastos del muchacho. Rafa volvió a renegar y maldecir de su padre, considerando que durante años no se preocupó por él y ahora que había madurado y se sentía feliz y motivado, tenía que enviar a sus esbirros a controlarlo. El impacto fue tan fuerte que llegó incluso a desandar un buen trecho en el largo camino que estaba recorriendo con ayuda de Marcos y de Ester para recuperar su maltrecha autoestima. Si por voluntad del chico hubiera sido, a no dudar que habría echado a la calle sin miramientos a ambos agentes comerciales. Pero Marcos, que se encontraba en casa, los invitó a pasar y con suma educación y tacto les hizo obsequio de unas cervezas. Ambos sujetos comunicaron que venían muy encargados de no retornar a Barcelona sin haber saludado al joven Sr. Doménech y haber inspeccionado el lugar donde vivía. Rafa se puso en pie y con grandes aspavientos y gritos de indignación, señaló a ambos empleados la puerta de la calle, pero de nuevo terció la mano izquierda y el tacto de Marcos, que paladinamente les mostró no sólo lo que querían ver sino la totalidad de la vivienda, excepción hecha, como es natural, de la cámara secreta o sala de juegos, como entre ellos designaban a la habitación habilitada para cuarto de tortura. Los catalanes, que no eran tontos, inmediatamente cayeron en la cuenta de que el hijo de su jefe vivía con una chica, es decir, vivía con una pareja. Lo que nunca pudieron averiguar, desde luego, fue en qué condiciones exactamente lo hacía. Pero no se mostraron remisos en comunicar su descubrimiento a D. Pere en cuanto regresaron a Barcelona. De esa manera, Rafa tuvo que decirle a su madre la verdad, al menos la parte de la verdad que no debiera de producir, a priori, un paro cardiaco en Dña. Nuria, o sea que compartía piso con una pareja, pero sin pasar adelante, por supuesto, en el tipo de relación que a los tres les unía y deshaciéndose en explicaciones para que a su madre le resultara menos traumático y eso era, precisamente, lo que Marcos pretendía: causar el mínimo daño posible todo el mundo sin renunciar ninguno de ellos a continuar con la vida que habían elegido vivir.

Por este motivo hubo un pequeño tira y afloja entre los dos. Rafael alegaba que no era capaz de comprender por qué no podía él enfrentarse a la situación de exponerle la verdad desnuda a su madre, mientras que el propio Marcos rehuía esa tarea. Este respondió que a él no le influía en absoluto el pensamiento de su madre y que no se tenía que liberar de ninguna tutela familiar mientras que en el caso de ambos jóvenes las cosas no eran así. Lo cierto es que la madre de Marcos apenas se comunicaba con su hijo más allá de una vez al mes y siempre por teléfono, y a la hermana aun no la habían visto nunca, aunque no tardaron mucho en conocerla.

De manera similar, un día se presentó en casa la hermana de Marcos, que se encontraba casualmente en Valladolid y le pareció conveniente visitar a su hermano sin ninguna otra intención oculta. El anfitrión hizo las presentaciones pero no tuvo reparo en decir que los tres compartían piso y Rafa y él compartían también novia. Sorprendentemente para ambos jóvenes, no ocurrió nada, no hubo ningún reproche o comentario impertinente por parte de la visitante. Es más: incluso llegaron a salir los cuatro a comer, pero Marcos y su hermana decidieron que era conveniente mantener a su madre al margen de aquellos asuntos que para ella resultarían terriblemente sórdidos y de todo punto incomprensibles. La madre de Marcos desconocía absolutamente el nivel económico en el que su hijo se movía, porque en ningún momento a lo largo de su vida había mostrado demasiado interés por saberlo, así como tampoco le causaba inquietud, ninguna de las facetas de la existencia de su primogénito, volcando en su hija todas las atenciones y cariño que una madre es capaz de dar. Tampoco Marcos echaba de menos esos afectos y a fuer de sinceros debemos decir que nunca hizo absolutamente nada por conseguirlos, pero de un modo u otro en aquella concreta ocasión, esa circunstancia favoreció al Sr. Laxe porque le resultó a su hermana fácil decir que debido a las adversas condiciones económicas del momento, Marquiños se había visto obligado a alquilar una habitación a un joven matrimonio y el embuste resultaba perfectamente creíble para la anciana señora superviviente de la época de los realquilados. Esta situación de engaño con la madre, se mantuvo todo el tiempo que duró la relación de los tres, aunque en alguna ocasión la anciana, intuitiva y observadora, había ido a visitarles y mucho nos tememos que se pudo haber percatado de toda o parte de la verdad. Sin embargo la distinguida y discreta señora jamás cometió la impertinencia de preguntar nada.

Faltaba entonces que el conocimiento de la situación llegase a la familia de Ester y como no hay dos sin tres, se presentaron también un día la hermana y el sobrino de la chica al parecer con la malsana intención de fisgar. Percatándose de que en la casa sólo había dos dormitorios, la Chiquita fue sometida a un interrogatorio de tercer grado hasta que no tuvo más remedio que confesar con cuál de los dos hombres dormía y llegados a ese punto, la inquisidora mostró tal eficiencia que la chica no tuvo reparo en contar, orgullosamente y con altanería que dormía con Marcos, a pesar de que Rafa resultaba también ser su novio, que se sentía feliz como nunca lo había sido y que hicieran el favor todas y todos de dejarla vivir en paz sin meterse en sus asuntos, considerando que nada se debían mutuamente. La hermana en un alarde de prepotencia y espíritu vengativo amenazó con contárselo todo a sus padres, pero Ester replicó muy alterada que lo único que conseguiría con eso sería dar a los viejos un profundo disgusto, porque ella de ninguna manera y bajo ningún concepto o forma de presión pensaba abandonar la vida que había elegido. Toda esta conversación, con abundantes elevaciones del tono de voz y salpicada de mutuos insultos y palabras malsonantes, se mantuvo en el dormitorio principal y a puerta cerrada, mientras los hombres esperaban en el salón. Isabel ya sabía quién era Marcos, pues su hermana llevaba tiempo viviendo con él. Al principio la mujer tampoco lo aceptó pero cuando tuvo conocimiento de la profesión que desempeñaba el letrado así como la categoría social y económica en la que se encontraba encuadrado, cambió bastante su hostil actitud hacia él. Ahora las cosas se repetían con Rafa, con el agravante de que el muchacho era simplemente un sargento del Ejército del Aire. Sin embargo Marcos ya había sido aceptado y Rafael lo sería también a buen seguro. Isabel y Marcos eran casi amigos, hasta tal punto que a la hora de despedirse, ella no tuvo reparos en pedirle una recomendación para Marianete, aunque tampoco mostró remordimientos de conciencia cuando contó a los padres de Ester, con pelos y señales, como vivía la Chiquita, lo cual efectivamente les produjo un serio disgusto y una honda preocupación, tanto a los viejos como a la joven, que realmente quería a sus padres todo lo que una buena hija puede querer y nunca había pasado por su imaginación, ni remotamente, darles un disgusto. Pero las decisiones valientes traen consigo enfrentamientos y cuando uno pretende abandonar el rebaño, siempre existe algún pastor vigilante que le azuza el perro. Todo esto tuvo la virtud de que los padres de Ester se negasen a conocer a Rafa durante un tiempo que a la chica le pareció insufrible, porque ella repartía su cariño entre Rafa, Marcos y sus padres, con lo cual le causaba un hondo pesar la triste situación. También resultó que Ester no volvió a dirigir la palabra a su hermana e impidió, por petición expresa, que Marcos interviniese de forma alguna para que Marianete consiguiera un puesto de trabajo. Al cabo de algún tiempo, tío Cayito, tía Vivi y Rafa llegaron a conocerse e incluso a hacer buenas migas. Pero el hijo de Isabel, se vio obligado a emigrar a Tenerife, donde todavía continúa trabajando en la construcción.

Después de cuatro meses de convivencia viendo con detenimiento infinidad de películas y estudiando multitud de revistas y novelas habían llegado ya a practicar casi todas las variantes que su escaso material les permitía. Marcos consideró entonces que estaban ya suficientemente preparados y dispuso que el primer fin de semana en que las obligaciones laborales de los tres lo permitieran, lo pasarían de compras en Madrid; desde el jueves por la tarde hasta el domingo por la noche, aunque Marcos tuviera que abandonar por un día su trabajo y desatender sus negocios. Resultaba evidente que las variantes a las que habían tenido acceso hasta aquél momento, se les estaban quedando pequeñas. Ester ya había obtenido el permiso de conducir, disponía de más tiempo libre y ya se sabe que de la ociosidad nace el deseo. Por otra parte, Marcos se había ocupado con extraordinaria eficacia de que la trasladasen de la infernal y estresante UVI a una de las más tranquilas plantas del Hospital como es la cuarta sur, Oftalmología. Este cambio en el trabajo, propiciado por los contactos de su amo influía también en las ganas de juerga de la chica, pues como ella decía, “la mitad de los días voy al Hospital a descansar”.

También su amo-novio-amigo se ocupó de proporcionarle un vehículo. Por entonces había lanzado Renault el modelo Clío y la chica adquirió uno; además, el Sr. Laxe se lo financió en treinta y seis meses a interés cero. Al principio de la relación a Ester le costaba aceptar toda esta dedicación para con ella y su amo debía insistir en que aceptase. Pero la verdad era que aquellas atenciones lograban que la mujer se encontrase cada día más feliz y más convencida de haber acertado el día que decidió compartir su vida con un hombre así. Por otra parte tenía a Rafa, que le proporcionaba la pasión y la fogosidad que Marcos no podía darle y en definitiva lo cierto era que nunca se había visto la muchacha más colmada de atenciones.

El amo también tuvo que cambiar de vehículo, con gran sentimiento por parte de Rafael que estaba enamorado del deportivo. El hecho era que los tres no cabían con comodidad en el Alpine y no parecía procedente desplazarse tres personas en dos coches, así que Marcos se desprendió del deportivo y adquirió un Renault 25 que acababa de salir al mercado.

En ese vehículo partieron los tres un jueves después de comer para pasar el fin de semana en Madrid, de compras.

jueves, 5 de noviembre de 2009

XII EL ENCUENTRO



Así estaban pues las cosas cuando una tarde de Febrero, con la primavera adelantada, nos encontramos a amo y esclava sentados en una mesa del Dallas, tomando café y esperando a Rafa. La verdad es que Marcos estaba algo nervioso.

Quería a toda costa que Ester causara buena impresión al muchacho porque estaba deseoso de incorporarle a sus juegos. Le parecía extraordinariamente morboso y excitante la presencia de otro hombre en una sesión, porque aunque en principio solamente fuera como espectador, estaba Marcos absolutamente convencido de que terminaría participando de manera activa. Un hombre en aquellas condiciones era algo que la pareja jamás había tenido, y aunque Marcos hubiera preferido una mujer, por obvias razones, llevaba tiempo echando de menos la incorporación de una tercera persona a su relación. Pero tampoco quería engañar a nadie: él sabía lo que ofrecía y valoraba extraordinariamente el cuerpo y la persona de Ester. Por eso no estaba dispuesto a entregarla a cualquiera. Marcos conocía a la perfección su propia personalidad y era consciente de que si en el sexo le faltase la relación de dominio y sumisión, al cabo de pocos meses la buscaría fuera de la pareja; hasta la fecha no había necesitado nada que Ester no pudiera ofrecerle, pero el tiempo pasaba y se hacía necesario aumentar el abanico de juegos y posibilidades.

Apareció Rafa, impecablemente vestido, con pantalón gris y Blazer azul marino. Marcos susurró: “es él” y se levantó estrechándole la mano.

_ Hola. Mira: esta es Ester. -La aludida, se puso en pie y saludo con dos besos al muchacho que le presentaban. Mucho la había alabado Marcos pero a Rafa le pareció que se había quedado corto. Era una mujer alta, elegante y resultaba extraordinariamente sexy y atractiva con la minifalda que llevaba.

_ Ya tenía ganas de conocerte –le dijo ella- me han hablado muy bien de ti.

_ Lo mismo digo. A mí también me hablaron bien de ti, pero está claro que se han quedado muy cortos.

Marcos llamó al camarero y Rafa pidió un café cortado. Mientras sumergía los dos terrones de azúcar en el fondo de la taza y lo removía, hablaron de cosas intrascendentes y Ester, con disimulo, pasó la vista detenidamente por la cara de su nuevo amigo. Lo que veía le gustaba. Era evidente que resultaba un chico muy atractivo, bastante alejado de lo que habían conocido hasta entonces. Cuando ella se puso en pie para saludarle, se dio cuenta de la estatura y porte que lucía y todo lo que iba descubriendo en él, le agradaba. Parece que ninguno se atrevía a entrar en la materia de conversación que les había llevado a reunirse y al cabo fue Marcos quien tocó el tema.

_ Bueno, como Rafa y yo ya hemos hablado, los tres sabemos quiénes somos y de qué va esto ¿no?

_ Sí, pero me gustaría hablarlo con ella personalmente. Primero quiero que sepas, -añadió dirigiéndose a Ester- como ya le he dicho a Marcos, que yo de esto no tengo ni idea, por eso quiero mirar y si me encuentro a gusto participaré encantado.

_ Estoy de acuerdo -concedió ella- pero quisiera saber por qué has aceptado venir y qué esperas obtener de esto.

_ La verdad, he querido venir en primer lugar porque cuanto más lo pensaba más morbo me daba el asunto. Al principio, cuando Marcos me lo contó, me asusté un poco, pero según iba conociendo detalles me iba interesando más. Por eso quise venir en primer lugar. En segundo lugar porque a mí esto me gusta y la alternativa era continuar fantaseando sobre el asunto toda la vida…

_ Bueno pero ¿Qué piensas o qué esperas sacar de esto? -repitió Ester.

_ Simplemente y de momento, vivir una nueva experiencia, por ahora no me planteo nada más. ¿Qué esperas sacar tú?

Ester se tomo un tiempo para responder a la pregunta.

_ Por encima de todo amistad. De entrada, que asistas a una de nuestras sesiones y por el momento eso colmaría las expectativas de Marcos y por lo tanto las mías. Pero quiero que sepas que la amistad, al menos por mi parte, la tienes garantizada, tanto si te gusta lo que ves como si no, si lo quieres repetir o no, si quieres participar o no, me gustaría que siempre me consideraras tu amiga. Quiero decirte también que para que la cosa funcione, la sinceridad es imprescindible. Estoy segura de que Marcos ya te habrá dicho lo que piensa de eso...

_ Sí. Me ha dicho que aunque la sinceridad no garantiza la buena marcha de una relación, la mentira garantiza su fracaso.

_ Es buena frase -dijo Ester- y yo estoy de acuerdo. Voy a ser sincera y supongo que Marcos te habrá contado como soy y la experiencia que he tenido. Me gustaría vivir y hacer cosas diferentes a las que han hecho mi madre y mis hermanas. Creo que en la vida hay algo más que casarse, tener hijos, trabajar, cocinar y limpiar y quiero descubrir y experimentar ese algo más.

Marcos, a la vista de la decisión de la mujer, dio un paso adelante:

_ ¿Te apetece hacer algo ahora mismo?

_ Para eso hemos venido ¿no?

Al oír aquello ninguno de los tres esperó más. Se levantaron y Marcos pagó las consumiciones. Entraron como pudieron en el Alpine y se dirigieron a casa de la pareja.

Rafa estaba asustado de sí mismo. Las cosas le resultaban mucho más fáciles de lo que en principio se creía. La persona de su nueva amiga le agradaba sobremanera así como sus modales y clase. No se había equivocado Marcos cuando se la describió, incluso le parecía que se había quedado corto. Conforme se acercaba el momento de presenciar la sesión, se iba mostrando más atrevido y decidido, pero también, en su interior, algo nervioso. Necesitaba beber algo para entonarse.

Pero no disponía de tiempo para analizar sus sentimientos, aunque era muy proclive a ello. Se iba a limitar, de momento, a tomar todo lo bueno que el instante pudiera ofrecerle y no pensaba dejarse perturbar por desconocer cómo o por qué ocurrían las cosas. Para mayor abundamiento, precisamente aquél día en que iba a comenzar su nueva vida como amo le hubiera resultado penoso en extremo ponerse a reflexionar. Arrancó el coche y enfilaron el Paseo Zorrilla con dirección sur hasta llegar a la calle del Doctor Moreno.

El ascensor subió renqueante durante un tiempo que a Rafa le pareció una eternidad, mientras su cabeza daba vueltas tratando de imaginarse todo lo que iba a pasar. Al fin el aparato se detuvo con un frenazo seco y cuando se abrió la puerta de la cabina, sus amigos le invitaron a salir. Marcos abrió la puerta de la vivienda y precedidos por Ester entraron.

Atravesando un pequeño recibidor, decorado con espejos y el retrato al óleo de una mujer, se accedía a un pasillo que daba paso a las diferentes estancias de la casa. A este distribuidor se abrían cuatro puertas de roble con manecillas doradas. La pintura de las paredes era ocre amarillo pálido y la iluminación, indirecta, estaba perfectamente estudiada para que ningún espacio quedase más oscuro que otro. Marcos, se creyó en la obligación de señalarle que aquel retrato representaba a su madre cuando era más joven y gentilmente le dijo que primero le iba a enseñar la casa. Le señaló hacia la derecha, dejando que Rafa pasara en primer lugar. Era una estancia que servía de salón y comedor. Un amueblamiento separaba y a la vez unía la cocina, de forma que el conjunto de comedor, salón y cocina ocupaba una sola habitación de casi cincuenta metros.

_ Esta reforma la hicimos nosotros -le explicó Marcos- porque nos gusta la distribución de huecos que tienen en Estados Unidos. Juntamos el salón-comedor, la cocina y un poco de pasillo, de forma que ahora tenemos esta especie de plaza de toros.

Los muebles, clásicos, le recordaban al muchacho en cierta medida los de su propia casa. El suelo de toda la vivienda era de madera y en el salón, se combinaba perfectamente con los tonos roble y caoba de los muebles. Estanterías con libros de suelo a techo, dejando apenas los espacios necesarios para un gran televisor y un equipo de música. No estaba Rafita acostumbrado a ver tanto libro junto y le extrañó que prácticamente no existiera allí otro tipo de elemento ornamental, salvo un enorme cuadro que representaba una especie de casona solariega.

_ Esta casa fue de mi familia -le explicó Marcos al notar la persistente mirada del muchacho a la pintura– la hemos vendido hace poco. Resulta muy caro de mantener.

_ ¡Qué pena! -se atrevió a abrir la boca Rafa- me hubiera encantado que mi familia tuviese una casa así.

_ Si -consintió Marcos- mientras que no la tuvieras que mantener. No te puedes imaginar los gastos que tienen estos edificios viejos.

_ Y ¿todos estos libros? -preguntó el invitado. Era evidente que no procedía de una familia universitaria.

_ Pues son mis libros -respondió Marcos por toda explicación– Bueno -concedió- hay algunos de Ester. Hace muchos años que vivo aquí y poco a poco he ido comprando, porque me gusta mucho leer. He tenido que añadir estanterías conforme el número de volúmenes aumentaba, porque no cabe en mi cabeza tirar un libro.

_ ¿Y los has leído todos? -Estaba claro que Rafael no pararía hasta que su incultura quedase bien patente.

_ Si solamente hubiera leído los que hay aquí, no sabría nada. Entre estos y los del dormitorio hay en casa unos mil libros, pero yo quizá haya leído tres mil.

_ Hosti tu.

A Marcos le pareció que no transcurriría de forma grata la conversación si se continuaba con el tema de los libros, así que invitó a su amigo a pasar a la terraza. Tres hermosas ventanas y una puerta de cristal la comunicaba con el salón. Cuando salieron, un latigazo de viento frío azotó los rostros de ambos amigos. Aunque lucía el sol, realmente estaban en invierno, en Valladolid y en una desprotegida terraza de un piso decimoprimero. Pero lo cierto es que la experiencia merecía la pena.

El ático de Ester y Marcos semejaba una casa, de una sola planta, que un arquitecto atrevido hubiera colocado sobre la cubierta de un edificio de treinta metros de altura, porque ciertamente esa era con exactitud la situación. Salvo por la parte donde la vivienda se unía con la escalera y ascensores, el resto de la misma estaba rodeado por una inmensa terraza de cien metros cuadrados desde la que se podía contemplar un soberano paisaje. El castillo de Simancas, se distinguía claramente a lo lejos, así como las colinas de lo que empezaba a ser Parquesol. Las maniobras de aproximación, así como el despegue y aterrizaje de los aviones en Villanubla, a pesar de encontrarse a siete kilómetros de distancia, se podían contemplar perfectamente desde aquella maravillosa terraza constituida en una privilegiada atalaya. En días claros, le dijo Marcos, se veía incluso la nieve del Guadarrama, a más de cien kilómetros. Era una pena, a juicio de Rafa, que el clima en Valladolid fuese tan extremado, porque si aquello estuviese en el Mediterráneo se podría vivir en la terraza casi nueve meses al año. Como todos los visitantes, nuestro amigo se quedó un buen rato contemplando el paisaje, porque la vista era tan impresionante que se podía perfectamente malgastar una hora contemplándola sin llegar a aburrirte. Pero la sensación de frío le hizo regresar al interior.

_ Aquí siempre hace viento -le aclaró Marcos- incluso por el verano, los días de más calor, se levanta un airecillo a la caída de la tarde.

_ Es una pasada, -a Rafael realmente le había impresionado la vista- una auténtica pasada. -Pero la visita a la casa continuó.

Existían en la vivienda tres piezas más. Una de ellas, hacía de dormitorio de invitados, con dos camas gemelas de noventa, lacadas en blanco y una mesilla en el medio, un sifonier y un pequeño escritorio, todo a juego. Luego estaba el dormitorio de la pareja, con una inmensa cama de matrimonio de uno cincuenta de ancho, con cabecero y mesillas en caoba tallada estilo Luís XVI. Debajo de unas estanterías rebosantes de libros había una mesa escritorio y un sillón en nogal, de estilo castellano. Si Rafa hubiera entendido un poco de decoración o de antigüedades, se habría dado cuenta de que todas aquellas piezas eran auténticas, sabiamente combinadas para conseguir un ambiente serio y cálido, muy personal pero a la vez acogedor. La estancia se completaba con un armario empotrado y un baño completo incorporado. Desde el dormitorio, se podía contemplar la terraza a través de una amplia ventana.

_ La bañera la mandé cambiar, porque era pequeña. Esta es de uno ochenta y además de caber los dos juntos, por lo menos me puedo estirar en ella casi completamente.

La tercera habitación estaba vacía, haciendo excepción de un par de cajas de cartón atadas con cuerdas en donde supuso Rafa, considerando lo que había observado que se guardaban más libros. Era una pieza larga y estrecha, que aunque tenía también su correspondiente ventana a la terraza, era realmente la peor habitación de la casa. Al pasillo se abría también otro aseo, más pequeño, pero con ducha y con bidé.
Al sargento Doménech le gustó el domicilio de Marcos y Ester y no tuvo reparos en decírselo a sus nuevos amigos. Aunque el asunto de los libros siempre le pareció una desmesura, no dejaba de reconocer que su abundancia imprimía a la vivienda una cierta clase y dejaba denotar un atisbo de la cultura de sus propietarios. Pero él echaba de menos jarrones, cuadritos y cosas de esas con las que su madre abarrotaba las estanterías de su mansión en Pedralbes. No había visto ninguno de esos pequeños detalles en ninguna de las habitaciones del piso. Únicamente, en el centro de la mesa del salón se exhibía un jarrón de loza, lleno de flores secas y eso sí, la terraza estaba literalmente plagada de jardineras con plantas de diferentes tipos.
Entre tanto Ester les había acompañado en la visita a la vivienda, siempre en un segundo plano y sin decir palabra. Rafa se dio cuenta de que la mujer, desde que habían entrado en el domicilio parecía otra. Ya no era la chica elegante y dicharachera de la cafetería, sino que mostraba una actitud de humildad y sumisión. A Rafael le extrañó esa transformación. Daba la sensación de que era en el domicilio donde realmente se convertía en sumisa, porque mientras tomaron el café al Sargento Doménech le costaba asimilar que iba a poder contemplar alguna vez las nalgas de aquella mujer azotadas. Sin embargo ahora lo veía bastante más probable dada la actitud que ella mostraba.

_ ¿Vas teniendo hambre? Te lo digo porque Ester tardará media hora en preparar la comida. Si quieres, que nos sirva un vino y un aperitivo mientras va cocinando.

_ ¿Qué vamos a comer? -A Rafa le extrañaba sobremanera que un hombre hablase de preparar la comida. Procedente de una familia patriarcal y exuberantemente machista en donde ninguno de sus miembros masculinos había sabido jamás cuanto se tarda en freír un huevo, quería asegurarse de que Marcos sabía realmente lo que decía, aunque por sus expertos comentarios en el restaurante debería haberse dado cuenta de que la gastronomía no era asunto desconocido para su amigo.

_ Vamos a comer un estupendo chuletón de buey al tomillo. Tienes que decirle a Ester si te gusta poco pasado o en su punto.

_ Creo que en su punto. -Rafa era más entendido en hamburguesas y pizzas que en exquisiteces de aquel calibre, aunque por las chuletillas y el lechazo asado había entrado con celeridad y sin problemas. Marcos invitó a su amigo a sentarse a la mesa de la cocina y Ester, después de descorchar una botella de Paternina, abrió una lata de aceitunas y sirvió dos vasos. Rafa no dejó de darse cuenta de que no escanció en un tercer vaso para ella. La mujer simplemente servía.

_ ¿Por qué brindamos? – preguntó Marcos.

_ Brinda tú. -Tampoco los brindis eran la especialidad del muchacho. Realmente guardar silencio era el único magisterio que podía lucir el Sargento Doménech. “Por ti, por nosotros tres” dijo Marcos mientras hacía chocar las copas, primero por el borde y luego por el pie, demostrando también en la peculiar manera de brindar una fuerte personalidad. A continuación ambos amigos sorbieron una buena porción de vino y Rafita se comió dos aceitunas.

Ester se puso un delantal negro, largo, casi profesional y sacó del frigorífico dos grandes chuletones de carne rojísima. En un pequeño plato de postre, preparó unas hierbas y a continuación colocó la sartén en el fuego, con unas gotas de aceite de oliva y una cucharada de mantequilla. Pero al coger el plato para incorporar el aderezo a la carne, este se resbaló y cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos.
Aquello desencadenó en Rafael una inusitada reacción. Miles de fantasmas que le habían atenazado durante tantos años, despertaron incontrolados súbitamente. Poniéndose violentamente en pie, se dirigió a ella en tono perentorio preguntándole:

_ Sabes que has roto un plato ¿No es así? –Tanto Ester como Marcos se dieron cuenta de que su nuevo amigo acababa de destaparse y empezaba el juego. El amo permaneció en silencio y la sumisa apagó el gas, retiró la sartén y asintió humildemente con la cabeza.

_ Pues yo tengo que diferenciar entre las personas que rompen cosas y las que no las rompen, porque ahora destrozas un plato y si todo sigue igual para ti, mañana rompes toda la cristalería, o si te ve alguien se le puede ocurrir pensar que los platos están hechos para tirarlos al suelo.

Ester y Marcos entendían perfectamente que aquella perorata era la predeterminación de otras actividades, aunque por supuesto todavía ignoraban que en la mente de su nuevo amo y amigo se estaban agolpando los recuerdos. Rafael procuraba utilizar las mismas palabras que empleara D. Pere en aquél aciago día, palabras y frases recordadas a la perfección, como consecuencia de haber rememorado toda la escena tantas veces, además de haberse repetido los castigos de su padre con mayor profusión de la que fuere menester. Ester permanecía en silencio y con la cabeza baja.

_ Pero ahora -continuó Rafa tratando de demostrar una aparente tranquilidad que estaba muy lejos de sentir- te voy a enseñar que no se puede romper nada sin consecuencias. Descálzate y quítate la falda.

Ester se agachó lentamente para deshacerse de los zapatos mientras su amo permanecía en silencio observando. Todavía no había llegado a quitarse el primero cuando escuchó a Rafael lanzando un grito estentóreo:

_ ¡He dicho que te quites los zapatos y la falda, niña desvergonzada y desobediente!

El tono no admitía réplica así que Ester trató de acelerar lo más posible las maniobras necesarias para desembarazarse de ambas prendas. Se despojó de los zapatos y se bajó rápidamente la minifalda con la idea de quedarse desnuda con la mayor brevedad posible, de cintura para abajo. Rafa, sin embargo, se acercó a ella y sin mediar palabra le estampó en la cara un sonoro bofetón a la vez que acercando la boca al oído de la esclava gritó:

_ ¡¡¡ Quítate la falda!!! ¡¡¡ Quítate la falda!!! -y en tono más suave prosiguió:

_ ¿No me has oído decirte que te quites la falda? ¿Por qué entonces solamente te la bajas? ¡¡¡Quítatela ahora mismo maldita zorra desobediente!!!

Se estaba repitiendo exactamente la misma escena que el pequeño Rafita había vivido en el despacho de su padre hacía ahora dieciocho años. Ester, sin saberlo estaba sacando adelante perfectamente el papel del niño, mientras que Rafa, conscientemente revivía con tal exactitud los gestos y ademanes de D. Pere, que la representación hubiera sido digna de un premio de la academia.

_ Mi amo, mi amo, me la estoy quitando - murmuraba la esclava sumisamente.

En la mejilla derecha, donde la mano abierta de Rafa había impactado ruidosamente, comenzaba a aparecer una mancha colorada. Se quitó la falda y la braguita con toda la celeridad de que fue capaz, quedando vestida únicamente de cintura para arriba. Rafa, completamente metido en su papel de D. Pere, le lanzó otro bofetón.

_ Si mi amo, si mi amo -se limitaba a murmurar Ester. Marcos contemplaba todo cada vez más interesado y excitado, pensando que aquél catalán era una perfecta adquisición, porque aunque al principio le había parecido algo tímido e incapaz de protagonizar con alguna maestría el papel que se le había asignado, se estaba dando cuenta de que era una percepción equivocada.

_ Vamos, vamos nenita déjate de tantos aspavientos. ¿No entiendes que quiero ver tus nalgas, tu coñito y el agujero de tu culo, cerda desobediente? ¡¡¡Enséñamelo todo!!! ¡¡¡Ahora!!!.

Todo aquello excitaba verdaderamente a Rafa que trataba de recordar y revivir hasta los más mínimos detalles de la primera azotaina que recibió de su padre. Desgraciadamente para él, aquellas imágenes nunca se habían borrado de su cabeza, de modo que el problema no consistió jamás en recordarlas, sino en la imposibilidad de olvidarlas.

Ester, desnuda de cintura para abajo delante de su amo y de su nuevo amigo, se encontraba muy nerviosa y excitada, porque cuando se sometía a una sesión de entrega eran esas las sensaciones que se desencadenaban en ella y era eso precisamente lo que buscaba. Su sexo palpitaba cuando Rafael le pasó la mano por la horcajadura sopesando delicadamente lo que tocaba.

Le ordenó darse la vuelta y contempló embelesado las bellas nalgas de la esclava.

_ Tú sí que tienes culo para mucho y estoy seguro de que aguantarás más de una docena. Ven aquí.

Rafa se sentó en una silla y la esclava se acercó a él con humildad. Repitiendo fielmente la escena vivida con D. Pere, cuando Ester estuvo a su lado, le ordenó tumbarse boca abajo sobre las rodillas de su nuevo amo. También con la mano izquierda sujetó Rafa las muñecas a la espalda de la víctima, aunque esta no tenía ninguna intención de moverse. Con la derecha tanteó el redondo culo y dijo:

_ A ver, a ver lo que escondes aquí -Ester se relajó y Rafa le separó las nalgas dejando al descubierto el agujero del ano, abierto y excitado- Vaya, vaya… Esto no es un culo, parece la boca de un túnel. Muchas pichas han entrado por aquí, creo yo.

También, como su padre entonces, cambió de tono repentinamente y un azote resonó en la cocina.

_ No romperé nada de esta casa -bramó Rafael, asumiendo la interpretación de forma casi esquizoide. Otro azote y repitió la misma frase, alternando también los manotazos entre la nalga derecha y la izquierda. Cada vez que descargaba un golpe, su erección se hacía más ostensible. Incapaz de contenerse por más tiempo, ordenó a Ester que se pusiera de pie, apoyando la cabeza sobre la encimera de la cocina y ofreciéndole abiertamente el trasero. Aunque aquello no estaba en el guión que él había escrito involuntariamente con su padre hacía tantos años, Rafa decidió entonces abrirse la bragueta y colocar su picha entre las piernas de la esclava que permanecía con el culo en pompa, luciendo las nalgas completamente rojas.
Le hubiera gustado quizá, jugar a vencer una supuesta resistencia por parte de ella, pero Ester no gritaba ni se movía ni trataba de escaparse y cuando sintió la erecta polla de su amo entre las piernas, apretó los muslos para tratar de proporcionar a Rafa el mayor placer de que fuera capaz.

_ No te escapes pececillo -decía, sin embargo, Rafita aunque su amiga no tenía la menor intención de hacerlo.

Después de unos breves momentos en los que realizó movimientos de mete y saca entre las piernas de su esclava, Rafa comprendió que era incapaz de permanecer sin azotarla. Por primera vez tenía a su disposición unas estupendas nalgas en las que descargar la frustración y el deseo acumulados durante tantos años. A la vez quería sentir los delicados muslos de Ester aprisionando su polla, pero también quería continuar descargando manotazos en el culo redondo y ofrecido.

_ No romperé nada de esta casa -el castigo se reanudó y el dolor en las nalgas de Ester comenzaba a hacerse insoportable. A Rafita le escocía la mano y como carecía de experiencia y no sabía hasta donde podía llegar, consideró que por el momento ella había tenido suficiente, aunque para ser sinceros a Rafael le hubiera encantado continuar con los azotes durante mucho más tiempo. Le gustaría llegar a provocar una cierta resistencia en Ester, porque le encantaría ser capaz de vencer esa rebeldía y llevar a cabo el castigo hasta donde él mismo quisiera.

_ Quédate desnuda completamente y sigue haciendo la comida. No quiero perderme detalle de tu culo colorado.

Obedeciendo de nuevo, Ester terminó de desnudarse de cintura para arriba. La temperatura de la vivienda era muy agradable y después de los sofocos que había sufrido mientras soportaba los azotes, incluso agradecía que se le permitiera desnudarse. Si bien era cierto que la situación le producía algo de vergüenza, esto le ayudaba a sentirse más excitada y nerviosa. Consciente de que su castigo no había terminado, se esmeró en preparar la comida mientras que sus amos charlaban despreocupadamente y Rafa, de vez en cuando le acariciaba las nalgas, o le propinaba algún pequeño azote, La erección del catalán era visible y el deseo reprimido confería a la escena un morbo, tan desconocido para el muchacho como excitante. Otro par de vasos del Rioja excelente sirvieron para que los últimos prejuicios desaparecieran y antes de ocupar sus lugares en la mesa, ya puesta en el salón, Rafael ordenó a Ester que le excitara, pero utilizando únicamente la boca.
Ella, hincando las rodillas en el duro mármol del suelo de la cocina, se aplicó con fruición a la tarea no sin antes dejar de admirar el singular tamaño con que estaba dotado su nuevo amo; la más grande que había visto en su vida. “Este catalán lleva dentro un diablo” pensó mientras recorría con la lengua la picha de su amigo. Prolongó esta maniobra el tiempo que consideró suficiente y terminó metiéndosela toda en la boca. Cerrando con cuidado los labios alrededor del pene de su amo, imprimió a su cabeza un movimiento de vaivén procurando rozar el glande con la lengua y con las paredes interiores de sus mejillas cada vez que la boca se le llenaba de polla. La erección aumentó visiblemente y Ester notó enseguida un cambio en el sabor de su saliva debido a que aquel miembro que tan magistralmente estaba trabajando comenzaba a destilar líquido pre-seminal augurando una rápida eyaculación. Redobló sus esfuerzos con entrega y deseo, sintió que la cintura de su amigo se combaba hacia delante, tratando de meterle aun más la polla entre los labios. Con una mano masajeaba los testículos mientras con la otra acariciaba suavemente a su amo en la raja del culo. Sintió como este apretaba las nalgas.

_ En la cara, échatelo todo en la cara -le ordenó Rafa unos instantes antes de eyacular. Ester no separó los labios ni la lengua, así que las gotas de semen de su amigo y amo se derramaron sobre su cara, cayendo algunas en el interior de la boca, otras en la nariz y otras incluso en los ojos. Aunque la eyaculación no fue muy abundante, si resultó suficiente para que el rostro de Ester apareciera empapado en semen.

Se quedó chupando y lamiendo tratando de mantener el mayor tiempo posible la erección de su amo. Cuando la flaccidez del pene era manifiesta, dio por terminada su tarea, permaneciendo arrodillada mientras sentía el pecho empapado de saliva mezclada con semen.

_ De puta madre tía, muy bien. La chupas mejor que nadie -Rafa había sentido verdaderamente placer y en el momento de la eyaculación, por poco no se le doblan las piernas.

_ Gracias mi amo. Es que me entrego a lo que hago y me gusta hacerlo.

_ Además, todo aquello de que había que lavarse antes y esas cosas te lo has saltado –observó Rafael dirigiéndose ya a Marcos- Me hubiera cortado mucho que me dijerais que me fuera a lavar.

_ Ya sé que nos lo hemos saltado -dijo Marcos- pero no es lo normal. Insisto en que la higiene es muy necesaria para que ella funcione.

_ Vamos a comer, que yo tengo hambre -dijo Rafa, sin querer responder a la queja de su amigo y ya metido completamente en su papel de copropietario de la sumisa -pero tu- continuó dirigiéndose a la esclava- te vas a hacer una paja mientras comemos, sentada a la mesa. No quiero verte, solamente al final, cuando termines me vas a enseñar la mano empapada en tus jugos.

Casi habían dado cuenta de la botella de Paternina cuando ambos hombres se sentaron a la mesa, Ester sirvió la carne exquisita, se sentó también y empezaron a saborear el chuletón. Marcos, como de costumbre devoraba con delectación. Rafael, cortó un trozo adecuado y se lo llevó a la boca. No pudo evitar el comentario:

_ Esto esta buenísimo, tía -Ester cogió el tenedor y el cuchillo, más pausada, pero su nuevo amo la increpó

_ ¿Se puede saber qué coño estás haciendo? ¿No te mandé hacerte una paja?

La esclava respondió sumisamente:

_ Necesito las dos manos para partir la carne...

_ Estás equivocada -le corrigió su amo- con la derecha te tocas el coño y con la izquierda y la boca comes, como una cerda. No te hacen falta cubiertos. Y no dejes de mirarme a los ojos.

Ester era verdaderamente obediente. No tenía que fingir la actitud de respeto y sometimiento, como si estuviera interpretando un papel en este extraño juego sexual. Ella vivía lo que hacía. Increíblemente disfrutaba entregando su voluntad a los caprichos de otra persona y sin rechistar comenzó a masturbarse. Sentía la fina tapicería de la silla en contacto con sus nalgas desnudas, porque tanto ella como Rafa permanecían completamente sin ropa, aunque Marcos estaba vestido como si aquellas actividades no tuvieran relación con él. Mientras se acariciaba el sexo y el clítoris, arriba y abajo, arriba y abajo, con la mano derecha, con la otra, según le habían mandado, cogió su chuletón y llevándoselo a la boca lo desgarró con los dientes. El semen que todavía llevaba en la cara, se mezcló con la salsa y los negros ojos de la esclava no se apartaban de los negrísimos de su amigo y amo, conforme le había sido ordenado. El culo le escocía ligeramente, fruto de la reciente azotaina y como era consciente de la situación ridícula por la que estaba pasando se encontraba completamente excitada.

_ Sigue, cerda, sigue comiendo y haciéndote la paja. No dejes de mirarme con esos ojos de salida que pones.

No tardó Ester demasiado en conseguir el orgasmo. Con la boca llena de carne, la barbilla, los labios y hasta la punta de la nariz pringados de salsa, suspiró ruidosamente varias veces mientras el orgasmo recorría su cuerpo y sus jugos vaginales le escurrían entre los dedos. Cuando consideró que ya había extraído la última gota de placer, sacó la mano de debajo de la mesa y mostró a su amo los dedos empapados.

_ Muy bien, cerdita, muy bien. Ahora ya puedes comer como una persona.

Ester, pidió permiso para levantarse y una vez que se le hubo concedido se dirigió al aseo a lavarse la cara y las manos. Seguidamente los tres terminaron de comer y a los postres, Ester y Rafa aun permanecían desnudos. Rafael preguntó a Marcos:

_ ¿Qué tal el primer día?

_ No preguntes eso. Ella es feliz si a ti te ha gustado. Si disfrutaste de ella y te pareció interesante, no necesita más.

_ Ester, aun tienes el culo rojo ¿no?

_ Creo que si -respondió la aludida girándose un poco y enseñándoles las nalgas a sus amos- pero no me importa.

Rafael pensó que después de las palizas de su padre a él le duraban las nalgas doloridas un par de días. Incluso había ocurrido a veces que le resultaba un problema la ducha en común después de la clase de gimnasia, porque si D. Pere se había extralimitado en demasía, los cardenales en el culo en forma de correazos, eran exageradamente visibles para poder explicar satisfactoriamente su procedencia. Esperaba poder azotar así algún día a Ester.

_ Lo que quiero saber -insistía Rafa- es si el nivel es suficiente para ella, si necesita más o me he pasado.

_ Se trata de un ciclo de excitación y castigo –respondió Marcos- Cuanto más dure el ciclo y mayor sea la excitación podrá ser también mayor el castigo. Yo mismo no sé dónde tiene el límite. Creo que, como toda relación, se trata de irnos conociendo hasta llegar a compenetrarnos perfectamente. Nunca funciona a plena satisfacción el primer día. Si quieres saber la verdad, para mí personalmente ha sido muy corto, me gustaría ver más cosas.

“Efectivamente nunca funciona bien el primer día y a veces, simplemente, nunca funciona bien” pensó Rafa recordando experiencias pasadas con otras mujeres, pero dijo:

_ Para mí ha sido suficiente. A lo mejor si es cierto que he ido muy deprisa, ero tenía muchas ganas de probar. Ya mejoraré con el tiempo. Oye ¿se puede uno echar la siesta aquí? -Para Rafael, después de una botella de vino era casi una necesidad dormir un rato.

_ ¿Quieres decir tu solo o con ella?

Aquello si resultaba verdaderamente novedoso. En ningún momento, a lo largo de toda la relación que había mantenido con la pareja aquél día se había planteado el muchacho ni por asomo la posibilidad de dormir con ella, de acostarse con ella. Pensaba que por el momento todo había terminado y que después de reposar un rato la comida sus nuevos amigos le invitarían a marcharse. Aquél ofrecimiento para dormir la siesta acompañado le extrañó y le agradó. Realmente Marcos quería entregarle el cuerpo de su esclava más allá de cualquier consideración.

_ Si quieres echarte tú solo, puedes hacerlo -insistía Marcos ante el silencio de su amigo- porque ya has visto que hay dos dormitorios.

“Qué diablos” pensó Rafita. Le apetecía mucho sentir el calor del precioso cuerpo de su nueva sumisa tumbado a su lado, desnudo y disponible. Al fin y al cabo parecía que aquel iba a ser el día de probar nuevas cosas. Se encontraba cada vez más seguro y no pensaba que ninguno de los dos miembros de la pareja se fuese a ir de la lengua. Después de todo, lo que habían hecho ya sería motivo suficiente para provocar un escándalo si el asunto trascendiera, por lo cual no debería suponer ningún problema el hecho de acostarse con ella para dormir la siesta. Comenzaba a sentirse relativamente confiado con sus nuevos amigos, porque estaba claro que la relación era de dominante a dominada, de superior a inferior. Existía el problema de que, aunque Ester se comportaba siempre de forma sumisa mostrando en todo momento su condición de inferioridad, Rafa no acababa, en su fuero interno, de considerarla inferior a él. Era mayor en edad, con más clase, más culta. En casi todas sus cualidades o particularidades, Ester era superior a su amo y eso desconcertaba al catalán. Pero las cosas no habían hecho más que empezar y resultaba imprescindible no reprimirse, no dejar nada en el tintero.

_ Quiero echarme contigo –dijo dirigiéndose a la mujer. Y como impulsado por un resorte, se levantó de la mesa agarró a Ester por las tetas y tiró de ella. Ambos desnudos se trasladaron al dormitorio principal, donde dormía la pareja. En la enorme cama se tumbaron y al poco, ayudados por los efectos de la botella de vino y de los tres o cuatro chupitos con que habían acompañado al café, se durmieron los dos sin mediar más palabras. Marcos se acomodó en el sofá como tenía por costumbre y se adormiló viendo la televisión.

Ester era de pequeñas siestas y pasados veinte minutos despertó, dándose cuenta que no estaba sola en la cama como ocurría habitualmente, ya que Marcos a esa hora se quedaba siempre en el sofá. Pensó que aquél muchacho le gustaba, le agradaba físicamente y era posible que llegase a ser para ella un nuevo amo, como su querido Marcos le había pedido, aunque verdaderamente tendrían que esforzarse mucho tanto Rafa como ella misma. De momento se encontraba a gusto porque había conseguido, siguiendo los deseos de Marcos y después de ímprobos esfuerzos, entrar en contacto con un amo que prometía resultar satisfactorio. Escrutó detenidamente las facciones de Rafa, que dormía plácidamente con la cara a escasos centímetros de la suya. Estaba bien el chaval. Tenía un bello rostro y un cuerpo perfecto. Solamente era necesario averiguar si la imaginación estaba a la altura de sus otras cualidades.
Rebulló el Sargento Doménech en la cama y al moverse, sus piernas entraron en contacto con las de Ester. Abrió los ojos y observó la cara de su amiga mirándole fijamente a corta distancia.

_ Hola -dijo a modo de saludo- ¿Has dormido?

_ Yo soy de poca siesta. Para mí ya ha habido suficiente- Ester se tumbó boca arriba y Rafa no pudo contenerse y comenzó a acariciarle las tetas. Esto provocó que los deseos del muchacho volvieran a despertarse, pero no quiso ir más allá. Quería reservarse para la noche, porque Marcos ya le había dicho que le gustaría que se quedase a dormir en su casa.


_ ¿Qué quieres hacer esta tarde? -se ofreció Ester solícita.

_ Nada, no quiero hacer nada. De momento ducharme y charlar con vosotros ¿Vale?

Como no podía ser de otra manera, la sumisa estuvo completamente de acuerdo con la propuesta y ambos se levantaron y se asearon convenientemente uniéndose a Marcos que permanecía en el salón. Excepcionalmente Rafael Doménech fue capaz de sostener una fluida conversación con sus nuevos amigos relatándoles cosas de sí mismo, de su familia y de su infancia, aunque no tuvo la osadía suficiente para mencionar el asunto de los castigos de su padre. Marcos había puesto música de fondo y la pareja escuchaba interesada al muchacho, respondiendo o preguntando para concretar alguna cuestión que no había sido aclarada lo suficiente... En fin: conversando con un grado de sinceridad y tan prolijamente que el propio Rafita estaba asustado de sí mismo, pero, sin embargo, era tal la confianza que su amigos despertaban en él que no le resultaba extraordinariamente difícil hablar. A lo mejor estaba ocurriendo que después de tantos años de silencio y soledad había encontrado una válvula de escape por la que se derramaba su personalidad con la fuerza de un torrente. Le molestaba que Marcos fumase tanto y así se lo dijo, pero aquello era una cosa superior a la fuerza de voluntad del letrado.

Después de un largo rato de conversación, decidieron salir a dar un paseo. En el Alpine se trasladaron al centro de la ciudad y comenzaron a recorrer los típicos bares que existen en los alrededores de la Plaza Mayor, tomando vinos y tapas. Rafael estaba asombrado de la cantidad de gente que tanto Marcos como Ester conocían. Personas importantes de la vida vallisoletana les saludaban y ellos correspondían afablemente, invitando a unos o permitiendo que otros les invitaran. Rafa desconocía la costumbre, tan arraigada en Valladolid, según la cual si te encuentras en un bar y entra alguien conocido debes invitarle tu, de la misma manera que si eres tú el que entras te pagará la consumición el amigo con el que te encuentres que ya estaba en el interior. A Rafael esto le causaba gran extrañeza, acostumbrado a Cataluña donde las rondas se pagan a escote. “Estos castellanos” pensaba “no tienen un duro, pero viven que parecen potentados”.
Marcos y Ester le presentaban a todo el mundo con la frase: “Este es Rafael, un amigo”. Se paraban a saludar y a intercambiar unas frases con gente conocida cuando se cruzaban con ellos por la calle. El desconfiado sargento Doménech pensó que daba la impresión de que la pareja no tenía ningún interés en mantener oculta la relación y así se lo preguntó.

_ La mejor forma de esconder un libro -le dijo Marcos- es en una biblioteca, perdido entre otros miles. Si nosotros no te presentamos a la gente y tratamos de mantener oculta nuestra relación, el día que se llegara a saber, no habría ninguna posibilidad de explicarlo. Pero si las personas que nos conocen se acostumbran a verte con nosotros, terminarán por no hacer preguntas. Esto es así y mucho más si llegamos a vivir juntos.

“¿Vivir juntos?” pensó Rafita “¿no corre demasiado este pavo?” La verdad es que se encontraba muy a gusto con ellos, pero eso de convivir no entraba en absoluto en sus cálculos.

_ ¿Por qué piensas que vamos a vivir juntos? –preguntó.

_ No querrás seguir en la cutrez de la base. Si lo nuestro va bien no tenemos ningún inconveniente en que vivas con nosotros. No quiero decir mañana, pero puedes planteártelo en cualquier momento.

Regresaron a casa y Ester les preguntó que deseaban tomar.

_ Si tienes Champaña...

_ Champaña no. Tengo cava y muy bueno. Además, suponiendo que os apetecería, lo había guardado en el frigorífico, porque aunque todavía no conozco tus gustos –explicó dirigiéndose concretamente a Rafael- creo que el cava le apetece a todo el mundo y más aun siendo catalán. Sentaos mientras yo abro la botella y preparo algo para picar.

Marcos pensó que era ya la hora de cenar y quizá unos aperitivos vendrían bien. Ester, como siempre, se adelantaba a sus deseos. El alcohol lo daba por supuesto, por eso la chica, previsoramente, tenía preparados diferentes tipos: vino, coñac, güisqui, para en cualquier caso acertar con el deseo puntual de sus amos.
Rafa volvió a salir a la terraza, de la cual estaba prendado, como todo el mundo que conocía la casa de Ester y Marcos. Hacía una buena tarde y se deleitó contemplando el paisaje, aunque como ya comenzaba el ocaso, inmediatamente refrescaría mucho, según le previno Marcos y sucedió realmente. Se sintió nuevamente impresionado por la cantidad de libros que sus nuevos amigos poseían, pero ya no hizo ningún comentario considerándolo un exceso, como había hecho por la mañana. Los doscientos LP que vio perfectamente colocados en una estantería también llamaron su atención y quedo maravillado cuando comprobó que todos eran de música clásica. Ignoraba que hubiera tantos discos de ese tipo de música que él desconocía en absoluto. La diferencia entre Rafa y nuestra pareja protagonista, se puso notoriamente al descubierto al comprobar la distinta valoración que ambos hacían de los signos externos que denotaban cultura. Para Marcos y Ester, era maravilloso ver tantos libros y tantos discos juntos. Para Rafa sobraban la mayoría. Es más: muchos de los que allí había eran absolutamente desconocidos para él, ni siquiera tenía noción de autores como Rilke o de compositores como Mahler. Estaba impresionado simplemente viéndolos. Los cuadros, que colgaban de las paredes le eran más familiares y pudo reconocer dos buenas copias de Pisarro y Modigliani.

Todo aquello para Rafael era superfluo. Él creía que los objetos tenían valor en cuanto que se pudieran vender por una apreciable suma de dinero y las consideraciones culturales o sentimentales estaban fuera de lugar. Pensaba que su padre jamás leía o escuchaba música y si acudía al Liceo era para que lo vieran, pues de ópera no entendía nada. A pesar de esas carencias, estaba forrado y eso era lo que realmente movía el joven corazón de Rafael, para disgusto de Marcos que comenzaba a darse cuenta de que tratar de inculcar un mínimo de conocimientos o simplemente de inquietud cultural en aquél muchacho iba a ser tarea inútil; no porque no fuese lo suficientemente inteligente para asimilar cualquier tipo de enseñanza, sino porque era del todo punto imposible motivarlo para hacer algo que no se tradujese inmediatamente o a largo plazo en rentabilidad económica, ostentación de bienes u obtención, pura y simplemente, de cualquier tipo de placer.
Observando estaba el muchacho los libros, embelesado, leyendo detenidamente uno por uno los títulos que figuraban en los lomos y sin hacer comentario alguno para evitar dejar patente su desconocimiento, cuando Ester anunció que ya estaban preparados unos aperitivos, dulces y salados y que procedería a llevarlos al salón.
Apareció con una bandeja y Marcos dijo:

_ Estás muy vestida, putita. Nos gustaría que nos sirvieras ataviada de forma más erótica, de modo que quítate toda la ropa y ponte el tanga que compramos el otro día.

Para Marcos, el cuerpo de Ester, vestida simplemente con un minúsculo tanga, resultaba muy sexy, así que había adquirido varios como para una chica de doce años y obligaba a su esclava a andar así vestida por casa cuando ambos estaban juntos.
Obediente, depositó Ester la bandeja sobre la encimera de la cocina y se retiró al dormitorio. Rafa permaneció expectante y Marcos le susurró:

_ ¿Estás asustado?

_ No. Estoy excitado y deseando que la cosa empiece de nuevo.

Apareció Ester ataviada con la pequeña prenda que dejaba ver la casi totalidad de sus nalgas y ocultaba apenas el sexo. Tomó la bandeja de la cocina y la depositó con esmero sobre la mesa del salón. Rafa estaba tratando de examinar de nuevo con detenimiento aquél cuerpo, servil y casi desnudo y Marcos, dándose cuenta de ello, ordenó a su esclava que se detuviera, para permitir que su amigo la contemplase a conciencia. La sumisa permaneció en pie, frente a ambos, con la mirada en el suelo y Rafa pudo deleitarse a placer con la contemplación de aquél atractivo cuerpo.
Ester, por indicación y deseo de su amo acudía a un gimnasio tres días por semana. Estaba en forma, sin apenas gota de grasa y con los músculos redondeados marcándose ligeramente bajo la piel. Incluso los abdominales se le notaban un poco, conformando el conjunto un cuerpo de casi un metro setenta de estatura, con aspecto apetecible y saludable

_ ¿Cuánto pesas? –preguntó Rafael.

_ Sesenta y tres -respondió Ester sin levantar la cabeza.

_ ¿Te parece mucho? Inquirió a su vez Marcos.

_ No es que sea mucho ni poco, es que tiene aspecto de atleta, no de mujer normal que anda por la calle. Cuerpos como este casi se pueden ver solamente en las olimpíadas o en las competiciones de natación

_ Su esfuerzo lo cuesta no creas, que va al gimnasio habitualmente. Yo le controlo el entrenamiento y la cantidad y calidad de lo que come, porque sabe que ha de cuidar el aspecto de su cuerpo, que al fin y al cabo es mío. Ella es consciente de que no puede ofrecerme algo abandonado, feo o poco sexy.

_ Verdaderamente es un cuerpo cuidado, sensual y con un peso perfecto. Dile que se dé la vuelta.

_ Díselo tu. Es tuya igual que mía. - Rafa no se cortó un pelo:

_ Date la vuelta. Quiero verte por detrás.

Rafael, como casi todas las personas aficionadas a las relaciones BDSM, sean dominantes o dominados, mantenía una especie de fijación por determinadas partes de la anatomía, las nalgas y el ano ejercían en el chico una poderosa atracción. Le parecían las zonas más eróticas del cuerpo de una mujer y le resultaba prácticamente imposible masturbarse sin imaginar unas nalgas ofrecidas. No solamente le gustaba jugar con el agujerito trasero de las mujeres y sodomizarlas sino que también admitía Rafael complacido que una mujer le practicara a él mismo caricias en la zona del ano, actividad que no a todos los hombres les resulta placentera. Pero el no va más de todo ello, la culminación para Rafa de ese tipo de juegos era que le hicieran el beso negro.

Contempló embelesado la espalda, los hombros, las piernas y sobre todo las nalgas.

_ Desnúdate del todo -ordenó sin pedir ya permiso a nadie. Ester se despojó de la minúscula prenda y quedo ante sus amos como su madre le trajo al mundo, excepción hecha del reloj y el aro de oro que lucía en su mano izquierda. Al agacharse para quitarse el tanga, Rafa pudo contemplar durante un instante la abertura entre las nalgas y una oleada de deseo le invadió. Sentía como su sexo crecía por momentos.
El culo de Ester, aunque ya lo conocía, no había tenido la ocasión de contemplarlo tranquilamente sin el apremio del deseo y le resultó muy atractivo. Era respingón, alto, duro y grande; redondeado y exquisitamente femenino.

Marcos se encontraba también excitado. Se levantó acercándose a Ester y tomo una mano de su esclava acariciándose con ella su propia entrepierna para que la mujer pudiera comprobar la erección, a la vez que acercaba sus labios a los de ella besándola con deseo. Rafael lo contemplaba todo. Ahora le apetecía ver a Ester, desnuda por delante.

_ Vuélvete -ordenó. Pero Marcos le dijo:

_ Espera. Primero acaríciate y cuando tengas el coño bien abierto y los pezones tiesos te das la vuelta y nos lo enseñas todo para te veamos bien excitada -Ester comenzó a manosearse el sexo con una mano y a pellizcarse suavemente los pezones con la otra. Al poco tiempo, ambas partes de su cuerpo respondieron satisfactoriamente y la esclava consideró que era el momento de darse la vuelta abriendo bien las piernas y separándose los labios vaginales con las manos, para que sus amos pudieran comprobar el grado de apertura de su coño.

_ ¡Joder! -Rafa no pudo contener la expresión de asombro al comprobar cómo se había puesto aquello en tan poco tiempo simplemente porque Marcos se lo había ordenado. No pensó, por supuesto, que tanto él mismo como el propio Marcos se encontraban también muy excitados, de modo que era lógico pensar que Ester mostrase, del mismo modo, un apreciable grado de deseo.

_ ¡¿Has visto como te has puesto?! - gritó Marcos en tono admonitorio - ¡¿Crees que esa es forma de que te vea nuestro invitado?!

_ No señor -respondió Ester sumisamente. Rafa asistía a aquello sin perder detalle, excitado y alucinado.

_ Ponte en posición, las manos sobre la mesa. -Casi siempre, los primeros azotes los recibía la esclava con las piernas separadas, ligeramente inclinada, ambas manos apoyadas sobre la mesa de comer o sobre la encimera de la cocina y las tetas colgando. La postura le era conocida y la adoptó sin dilación.

Mientras Rafa permanecía sentado pero expectante, Marcos se acercó a su esclava y después de manosearle las nalgas sin miramientos descargó sobre ellas una tanda de ocho o diez palmadas, no demasiado fuertes, pero que tuvieron la virtud de tornar colorada la morena piel del redondo culo femenino.

_ ¿Qué te parece? -dijo Marcos dirigiéndose a Rafa y señalando con la mano extendida las nalgas de la esclava,

_ Me encanta. -era evidente que el chico volvía a encontrarse lanzado - ¿Puedo yo?

_ Por supuesto. Es tuya.

Ester durante todo este proceso había permanecido impertérrita pero estaba disfrutando verdaderamente. Se sentía terriblemente humillada pues se encontraba desnuda, entregada y azotada delante de un estupendo ejemplar de macho prácticamente desconocido, sexy y guapo, que por otra parte respondía perfectamente a los estímulos visuales, como su amo Marcos había previsto. Sin levantar la vista de la mesa y sin mover las manos, percibió primero el olor al perfume de él y después sintió la presencia masculina detrás de ella. Unos apretones en las tetas y las uñas de Rafael surcando delicadamente la piel de su espalda produciéndole cuatro pequeñas bandas de color carmesí. Una mano, caliente y fuerte descendió entre sus nalgas y pasando cuidadosamente por debajo de la entrepierna acarició la entrada de la vagina, tan húmeda y masajeó con fuerza su erecto clítoris. La esclava se encontraba en la gloria, disfrutando totalmente entregada de aquella humillación y aquellas caricias. Pero sin previo aviso un azote, descargado casi con ternura en sus ya doloridas nalgas le hizo volver a la realidad y después del primero vino otro y otro, sin dejar entre ellos el intervalo de tiempo que se considera casi recomendable. Aunque no fueron demasiado fuertes, si resultaron suficientemente consecutivos como para arrancar lamentos de los labios de la esclava.

_ Calla Cosita -le decía el amo con delicadeza, casi con amor- ¿Merendamos?
Se detuvo el juego momentáneamente y Ester abrió con maestría la botella de Juvé i Camps sirviendo en las copas.

_ Brinda tu -le autorizó Marcos- Es que -dijo dirigiéndose a Rafael- hace unos brindis muy bonitos.

Daba la impresión de que la escena que había tenido lugar hacía menos de cinco minutos era simplemente un sueño. Se trataba de una reunión de dos hombres y una mujer merendando juntos, con la salvedad de que ella permanecía completamente desnuda y servía, mientras los dos hombres se dejaban atender. Habían retornado al plano de igualdad que existió hasta que Marcos le dio a Ester la orden de desnudarse. Sin embargo, el propio Marcos se había quitado la ropa de cintura para arriba y Rafa había hecho lo mismo de cintura para abajo dejando al descubierto sus atributos sexuales. Era un curioso trío. Ester no le quitaba ojo disimuladamente a la parte visible del cuerpo del chico: las torneadas y largas piernas, el ensortijado pelo del sexo, las nalgas pequeñas y duras, el enorme pene... Pero tampoco se le escapaba la profundidad de su negra mirada, el perfil y el abundante pelo negro. Cuanto más miraba más le gustaba lo que veía. Al fin brindó:

_ Por lo que empieza -y los tres levantaron las copas, las entrechocaron con cuidado y apuraron el líquido hasta el final.

_ ¡Es bueno! -dijo Rafa- aunque he probado los mejores cavas de Cataluña no puedo dejar de reconocer que el Juvé es exquisito.

_ Nos, cuidamos bien. -apuntó Ester- No creo que encuentres en esta casa nada malo, ni siquiera regular.

_ Trabajamos mucho -apuntó Marcos- y pensamos que el dinero que ganamos es para gastarlo y disfrutar de las cosas que nos gustan. Al fin y al cabo no tenemos hijos ni nadie que nos pueda pedir cuentas.

Era un pensamiento absolutamente coincidente con el de Rafa. El chico estaba aburrido de los reiterativos consejos de su madre acerca de la conveniencia de guardar para el día de mañana y así se lo comentó a Marcos.

_ El día de mañana es hoy -dijo este con una de sus habituales frases lapidarias. Y a continuación añadió:

_ Te pongo otra copa y prueba estos pastelitos. Son de Palacios. Exquisitos.
Terminó la merienda, se tomó café y se fumó. La sesión se reanudó. A la esclava le fue ordenado ponerse a cuatro patas, en el suelo mientras sus amos permanecían sentados en el sofá y en esta postura se le ofreció alternativamente la polla de Marcos y la de Rafa. Ester se esforzaba en darles placer. Se metía las pollas en la boca enteras, procurando hacerlas rozar con los labios una y otra vez; pasaba la lengua a lo largo de todo el miembro, deteniéndose en el glande con maestría, bajaba a lamer los testículos o subía con la lengua por entre los pelos ensortijados. Alternativamente cambiaban, de modo que a veces prestaba atención al conocido miembro de su amo y otras veces era el enorme pene de Rafael el que estaba en su boca. La mujer se volvía loca de placer y excitación. Cuando tanto Rafa como Marcos se encontraron lo suficientemente excitados, pasaron a la cama y llevándose a Ester tras ellos. Le ordenaron colocarse encima de Rafael e introducirse la polla del catalán en el coño, iniciando entonces una lenta cabalgada pero teniendo cuidado de inclinarse hacia delante lo suficiente como para que sus nalgas separadas dejaran al descubierto el negro y abierto agujerito de su ano.

Y mientras la pareja hacía el amor, los dedos de Marcos se introducían todo lo que podían por aquel negro agujerito tan conocido y extraordinariamente abierto. La esclava no podía contabilizar los orgasmos que llevaba, pero le pareció que eran dos, uno en el sofá simplemente mamando pollas y otro ahora. El movimiento se detuvo cuando Rafa advirtió que era necesario parar porque se corría. Entonces Ester fue atada a la cama en forma de cruz, cada una de sus extremidades a cada una de las patas y puesta de bruces, le colocaron la almohada doblada debajo de la tripa, para que su culo quedase aun más expuesto. A la esclava le pareció que ahí empezaba el castigo verdaderamente en serio y así fue en efecto. Marcos tomó un cinturón parsimoniosamente y de forma acompasada, metódica y segura azotó con exquisito cuidado las nalgas, piernas y espalda que se le ofrecían, obligando a su esclava a contar los azotes, mientras Rafael le ponía la polla al alcance de la boca o la besaba apasionadamente en los labios llamándole “Cosita... Mi Cosita, aguanta cariño” con una frialdad y decisión que parecía que llevase toda la vida haciendo aquello. Cuando se llegó al azote número sesenta, Marcos suspendió el castigo.

_ Úntale el culo bien de vaselina -dijo dirigiéndose a su amigo- que yo voy a por una cosa.

Rafa no se hizo de rogar. Desde que había empezado la sesión tenía ganas de jugar con el ano de Ester, de contemplarlo, acariciarlo y acaso meterle el dedo. Cogió una buena cantidad de vaselina del tubo que había sobre la mesilla. Las nalgas de la esclava se mostraban totalmente rojas y surcadas por las líneas casi paralelas de los correazos. Las separó con delicadeza pero firmemente y comprobó la extraordinaria abertura del ano que se le mostraba. Depositó allí la vaselina y comenzó a tratar de introducirla con un movimiento circular que pronto se convirtió en una caricia. Cuando volvió Marcos con el consolador, Rafita tenía dos dedos enterrados en el culo de Ester imitando con ellos el movimiento del coito.

_ Mira tío -dijo sin poderlo evitar- la estoy dando por el culo con los dedos.

_ Prueba con esto - le contestó Marcos pasándole el consolador.

El grosor del aparato resultaba casi idéntico al de los dos dedos del chico, pero su longitud era mayor. Rafa lo hundió profundamente en el culo de Ester haciendo que esta diera un respingo. Verdaderamente todos estaban disfrutando. Les parecía haber llegado por fin a otro mundo, a ese espacio-tiempo que siempre supieron que existía aunque nunca les costó mucho de ponerle nombre o asignarle cualidades. Las más íntimas fantasías sexuales de los tres se estaban haciendo realidad.

_ Métesela en el culo, en el culo –pidió Marcos a Rafa presa de gran excitación. En cuanto Ester sintió el glande apoyado en su ano, totalmente dilatado y receptivo, estalló en un orgasmo y tuvo otro más cuando la totalidad del miembro de Rafael se encontró alojado en su recto.

_ Por el coño, ahora por el coño –decía Marcos a Rafa que apenas le daba tiempo a atender tantas demandas. Mientras tanto la propia polla del abogado se paseaba impunemente por el interior de la boca de su esclava. Al poco de sentir al catalán en la vagina estalló Ester en otro orgasmo y entonces su amo consideró que ya había tenido suficiente.

Pero ni Marcos ni Rafael se habían corrido y decidieron utilizar el cuerpo de Ester para su placer y capricho. Después de un largo sesenta y nueve en el que los dos recibieron alternativamente los cuidados de la esclava que se aplicó con delectación a chupar y lamer la polla que se le presentaba al alcance de los labios, Rafa se corrió en la cara de la sumisa que permanecía atada a la cama en la misma postura en la que fue azotada, pero boca arriba, para facilitarle la manipulación de las pollas de sus amos con la boca y la lengua. Rafa, como decíamos se derramó sobre la cara de Ester y con la propia picha recogió el semen y se la dio de nuevo a chupar a la esclava. El letrado, optó por otra cosa. Ester fue desatada y se le ordenó arrodillarse y masturbarse, mientras Marcos se sentó en el borde de la cama y mandó a su sumisa que le practicara una felación sin dejar de masturbarse ella misma. Y allí, de rodillas en el suelo, y con la polla de su amo metida hasta la garganta, continuó Ester masturbándose hasta que al fin Marcos se corrió en su boca entre suaves caricias en el pelo y dulces palabras. Alguna gota de semen cayó, por descuido, sobre las tetas desnudas de Ester. Después de aquello, se fueron los tres a dormir, pero le tocó a Rafael hacerlo solo.

Al día siguiente hablaron y hablaron. A propuesta del letrado, decidieron salir a cenar juntos y en aquella ocasión Marcos y Ester, que eran expertos y conocedores de casi todos los restaurantes vallisoletanos, eligieron un lugar tranquilo y discreto en la carretera de León. Marcos propuso que cada uno contase todos los sentimientos y deseos que había experimentado durante su reciente encuentro del día anterior y qué les había parecido la experiencia, aunque lo que realmente pretendía averiguar de forma sutil era qué había sentido Rafael. A la vez, la maniobra le servía para trasladar al muchacho sus propias sensaciones así como las de Ester, pues era consciente de que la mujer jamás se atrevería a confesar el placer que había experimentado delante de su nuevo amo. Estaba seguro, fuera de toda duda, de que ella había disfrutado, porque así se lo había dicho explícitamente por la noche, como también que quería repetir la sesión. Ester, que mostraba cada vez una mayor seguridad en sí misma delante de Rafa, se explayó sin miedo y sin vergüenza, relatando muy por lo menudo todo lo que había sentido o lo que creía haber sentido. Les contó, una vez más, que ella siempre había tenido la seguridad de que en la vida existía algo distinto a lo que sus hermanas, su madre y sus abuelas habían vivido. Distinto en el amor, en el sexo y en general en el modo de entender la vida, la convivencia, el trabajo, todo. Cada vez que pensaba en la perspectiva de una existencia limitada a trabajar, parir y limpiar un sentimiento de depresión y angustia le nacía en lo más profundo de su alma. Marcos y Rafa le ofrecían confianza y habló y habló prolijamente de sus pensamientos, ideas, proyectos y frustraciones, siendo consciente de que casi todo lo que ella contaba ya lo conocía su amo aunque Rafa lo ignorase. Al final de su disertación, llegó a la conclusión de que no sabía si aquello era verdaderamente lo que desde hacía tanto tiempo andaba buscando pero como era un capricho que ella podía darle a su amado y respetado amo, estaba decidida a comprobarlo. Quería profundizar más, experimentar todo lo que pudiese en aquella extraña y excitante forma de entender las relaciones sexuales a tres y preguntó a ambos amigos si les parecía que aquello podía ser posible.
Rafa se apresuró a responderle de forma afirmativa. “En lo que a mi toca, tía, yo encantado”. Y continuó:

_ El caso es que a mí me gustas mucho tía, como persona y como amiga. Lo que hago con tu cuerpo me excita muchísimo y llevaba años soñando con eso; tu cuerpo me vuelve loco, tía. Creo que necesito esto y no sé si será que estoy trastornado pero es la verdad. Además, si estoy trastornado no me importa. Yo ayer me lo pasé de puta madre, mejor que nunca y quiero repetir y ampliar. No tengo ninguna intención de dejarlo ahora si es que vosotros estáis de acuerdo.

_ Y tu ¿qué? -preguntó Ester dirigiéndose a Marcos que había permanecido en absoluto silencio durante todo el rato, escuchando y calibrando lo que escuchaba, tratando de comprenderlo, de ir más allá de las palabras y de los sentimientos, buscando los afectos y carencias profundos, subconscientes, que motivaban esos sentimientos y deseos en ambos jóvenes. Pensaba: “Se expresan con palabras los sentimientos y deseos, pero estos son el resultado de afectos, carencias y frustraciones ocultas, desconocidas incluso para el que habla. Ahí es donde hay que llegar si se quiere realmente conocer a una persona”.

_ Yo he disfrutado mucho -dijo después de hacer una larga pausa, como tenía por costumbre, para lograr que sus interlocutores esperaran con impaciencia la respuesta.

_ ¿Sólo eso? -insistía Ester.

_ Bueno, ya sabes que para mí eres la mujer más sensual y apetecible del mundo, que te valoro por encima de todo y que agradezco infinitamente el don divino de tu sumisión. Los dos sabemos que esto lo llevamos dentro; yo estaba deseando y esperando dar este paso y agradezco y valoro la oportunidad que me das para llevar a cabo mis más íntimas fantasías.

_ Entonces ¿te ha gustado? ¿No crees que no tengo experiencia? –terció Rafael que estaba un poco preocupado, pensando que podía haber decepcionado a sus amigos, los cuales al fin y al cabo, habían vivido ya muchas sesiones de dominación y sumisión, los dos llevaban mucho tiempo en esto y además eran varios años mayores que él.

_ Hombre, creo que si te digo que tienes experiencia no me ibas a creer y yo nunca miento. La experiencia se adquiere, es fácil de adquirir, solamente es necesario dejar pasar el tiempo. “La experiencia es la sabiduría del tonto”. Lo que para mi resulta importante, mucho más importante, es comprobar si esto realmente te gusta, creo que te gusta y que tienes un potencial excelente como amo.

_ ¿Estás seguro? -a Rafa, como a casi todo el mundo le encantaba que le regalasen el oído, sobre todo viniendo de un hombre como aquel, que despertaba en él una gran admiración. Se sentía el chico halagada al comprobar el deseo que despertaba en su nueva amiga, porque pensaba que una mujer como ella podía tener prácticamente al hombre que quisiera y, sin embargo, se había ido a fijar en él, que al fin y a la postre no era más que un chico con buen físico y un poco refinado.

_ Mira Rafa -le aclaró Ester- para mí no es importante el físico, aunque tú lo tienes perfecto. Me encantan tus piernas y tu pecho. Tienes unas manos bonitas y fuertes, eres alto y guapo de cara, me gusta tu pelo negro y me gustan tus labios. Pero lo que mi amo realmente desea para mí y por lo tanto lo que necesito y valoro sobre todas las cosas es tu capacidad para ser amo. No buscamos una relación normal ni un trío ni un intercambio de parejas. De esas podemos tener las que queramos. Marcos busca para mí un amo, yo estoy muy a gusto entregada a él, me siento muy feliz porque me acepta y quiero, necesito, complacerle en todo. Estoy segura de que nos vamos a entender muy bien los tres y practicando, si tú quieres, puedes llegar a ser un amo experimentado.

_ ¿Has tenido otros amos? -parecía que Rafa quería hacerle una ficha.

_ Bueno, mi antiguo novio fue mi amo, aunque yo no sabía que lo que él hacía conmigo se llamaba así y él posiblemente tampoco. Pero no he encontrado a nadie que tanto Marcos como yo lo pudiéramos considerarlo adecuado.

Entretanto, habían terminado de cenar y con profusión de besos marchó Rafa a la base y Ester y Marcos a su casa. La triste realidad se imponía. Al otro día todos tenían que trabajar por la mañana y era necesario descansar.

Pero a partir de aquel día, sus relaciones nunca más volvieron a ser las mismas. Rafa, ya se encontraba en casa de Marcos y Ester como en la suya propia y pasaba a veces la tarde con la sumisa aunque el letrado hubiera tenido que salir a atender sus negocios. Bien es cierto que solamente Marcos disfrutaba del privilegio de un horario laboral fijo, porque el sargento Doménech tenía guardia de vez en cuando y el caso de Ester era aun peor: trabajaba a tres turnos, de manera que el tiempo de que disponían lo aprovechaban al máximo. Los encuentros sexuales entre los tres se realizaban con una frecuencia de un par de veces a la semana y poco a poco Rafa iba cogiendo confianza y dejando salir el amo que llevaba dentro. Al principio azotaba con cuidado, temiendo hacer daño, como pidiendo perdón por anticipado. Incluso llegaba a preguntar “¿Te hago daño?” si creía que la intensidad del último azote había sido exagerada. Después de las sesiones, Marcos le explicaba que él tenía que hacer lo que creyese oportuno, todo lo que le apeteciera sin preocuparse de si hacía o no daño. Rafa alegaba que le resultaba muy difícil producir dolor de forma consciente a una persona por la que comenzaba a sentir un gran aprecio.

_ Una sesión es un acto de amor -le explicó Marcos una tarde- porque tu le estás dando a ella el sexo que le gusta, por amor y ella también a ti. Además, eres perfectamente capaz de producir dolor sin ser cruel.

_ ¿Cómo es eso? –el chico no se guardaba ninguna pregunta dentro. Como Marcos decía, es preferible preguntar y pasar una vez por ignorante que no preguntar y continuar de ignorante toda la vida- No entiendo cómo se pude hacer daño sin ser cruel.

_ Pues haciendo daño por amor, no buscando el dolor sino buscando el placer de la otra persona. Hay que producir daño como un padre se lo produce a su hijo al darle una bofetada. No es más que un acto de amor, es una demostración de que su hijo le importa y quiere lo mejor para él. Tú debes castigarla porque sabes que ella necesita y busca el castigo y tú quieres darle el placer que ella busca y a la vez obtenerlo tú mismo. Así, una sesión se convierte en una forma de hacer el amor.
A marchas forzadas iba entrando Rafa en esa filosofía sobre todo porque le daba una justificación para azotar a una persona por la que sentía afecto y de esa forma era capaz de infligir el castigo con mucha mayor determinación. Poco a poco fue perfeccionando su técnica, estableciendo pausas entre azote y azote, valorando la intensidad de cada golpe y el efecto que producía en su esclava, ayudado en todo momento por Marcos.

Probó las pinzas en los pezones, en los labios vaginales y en el clítoris, atando a la esclava a una silla y colocándole una docena de pinzas repartidas por todo el cuerpo mientras él le trabajaba el sexo con la lengua, hasta que conseguía que a pesar del dolor, la excitación de la esclava no disminuyera. Pero lo que más le gustó de todo, lo que más le impactó fue la lluvia dorada.

Un sábado, en un descanso de la sesión Marcos decidió que quería orinar y la esclava, ya aleccionada, salió desnuda a la terraza y se puso de rodillas al lado de un sumidero de aguas pluviales que había cerca del murete que la bordeaba, de forma que era invisible para cualquier vecino indiscreto. Permaneció allí, inmóvil hasta que su amo, colocándose enfrente de ella se agarró la picha con la mano y apuntando directamente a la abierta boca de Ester descargó sobre ella un largo chorro de orina que resbalaba por la barbilla, las tetas y la tripa de la esclava yendo a caer en torno al sumidero y empapando las rodillas de la sumisa que recibía aquél líquido sin moverse, con la boca abierta y los ojos cerrados. Cuando Marcos terminó, sacudió la picha sobre la lengua de su esclava.

Para estar en la terraza era imprescindible vestirse de cintura para arriba o permanecer tumbado, sentado o arrodillado. El murete que la rodeaba tenía un metro veinte de alto de manera que una persona puesta de pie se hacía visible a los vecinos, mientras que si permanecía de rodillas o agachada los vecinos no la podían ver. Así, para esta actividad de la lluvia dorada en la terraza, Ester podía estar desnuda, como de hecho lo estaba, porque salía gateando hasta el lugar en el que estaba el sumidero y una vez allí permanecía de rodillas. Pero sus amos tenían que vestirse, al menos de cintura para arriba.

Rafael contemplo aquella escena con el mayor grado de interés y denotando en la expresión de la cara una irrefrenable excitación.

_ Marcos, Marcos yo quiero hacerlo -gritó- ¡Joder tío! ¡Mear a una pava por encima! ¡Es increíble! ¡Hasta te sacudes la picha en su lengua! ¿Puedo hacerlo yo?

_ Ya te he dicho mil veces que es tuya igual que mía - le contestó Marcos encantado de que aquello le hubiera resultado a su amigo tan interesante.
La tarde, de principios de verano no era fresca y podían permitirse el lujo de estar los tres en la terraza, aunque la chica estuviera completamente desnuda.

_ ¿Cómo lo hago? – preguntó Rafa - ¿Igual que tú?

_ Bueno, podemos variar un poco. Dile que se tumbe y le meas el cuerpo entero.
Era evidente la inexperiencia de Rafael. Por otro lado quería experimentar aquello inmediatamente y el nerviosismo no le permitía pensar.

_ Túmbate, Cosita. Pon la cabeza sobre el sumidero.

La esclava no se hizo repetir la orden. Todavía mantenía en el paladar el sabor de la orina de su amo y notaba el frescor sobre la piel de sus tetas a medida que se iba evaporando, pero se acostó, sobre las frías baldosas de la terraza e hizo coincidir la nuca en el sumidero.

Rafa se puso sobre ella con un pie a cada lado del cuerpo de la esclava y cogiéndose la polla con la mano apuntó directamente a los labios.

_ Abre la boca - ordenó.

Le costó relajarse lo suficiente pero consiguió descargar un buen chorro de orina sobre la cara de Ester que permanecía inmóvil, con la boca abierta y los ojos cerrados. Rafa interrumpía de vez en cuando le meada y la reanudaba otra vez a los pocos instantes en un intento de prolongar aquella experiencia que estaba resultando para él maravillosa. Cuando terminó, le dio la polla a chupar y la esclava lamió, chupó y limpió tanto y tan bien que su amo terminó corriéndose en su boca allí mismo.

_ Esto ha sido increíble, lo mejor de todo hasta ahora. ¿Por qué no lo hemos hecho antes?

_ No habrá coincidido. Yo solo meo cuando tengo ganas -dijo Marcos pragmático- Además, haberlo hecho tu.

_ Yo ni siquiera sabía que se podía hacer. Lo había leído pero no creía que fuera realidad. No me lo pienso perder nunca.

Aquél día, cuando terminó la sesión y estaban cenando en casa, hablando relajadamente, Rafa manifestó su preocupación porque el tiempo que empleaba en el sexo con ellos, le impedía dedicarse a la búsqueda de un piso en alquiler pues estaba harto de vivir en la base. Por entonces, en Valladolid había una gran escasez de vivienda y los pisos y apartamentos eran extraordinariamente caros. Marcos y Ester ya llevaban tiempo madurando una idea y el letrado se decidió a exponerla, aprovechando la circunstancia de que el chico había tocado el tema.

_ ¿Por qué no te vienes a vivir aquí? Hay sitio suficiente, el piso tiene cien metros. Incluso se puede amueblar la habitación pequeña a tu gusto si es que quieres para que tengas un cuarto para ti independiente. ¿Tú crees - preguntó directamente a Rafa - que no ibas a tener la suficiente independencia?

_ Yo ni tan siquiera lo había pensado. Vosotros estáis acostumbrados a vivir solos. Igual no soportáis la convivencia conmigo.

_ Como dice el Génesis “no es bueno que el hombre esté solo”. A nosotros nos encantaría. De hecho lo estoy proponiendo yo en nombre de los dos.

_ ¿En qué condiciones? -preguntó Rafa- Me refiero a condiciones económicas.
La vena catalana le afloraba al muchacho en cualquier circunstancia.

_ Eso es igual -terció Ester– es lo de menos, si estás dispuesto, vente.

_ Las condiciones económicas son sencillas -aclaró Marcos- Yo no te voy a cobrar nada y los gastos de comunidad, luz, agua, limpieza, etc. pagas un tercio. En cuanto a la comida y demás podríamos discutir la mejor manera de organizarlo.

_ En esas condiciones yo me vengo mañana. Pero solo quiero saber una cosa más ¿Ester seguirá siendo mi esclava o nuestra esclava con dedicación exclusiva?

_ Hombre... Yo tengo que trabajar –aclaró ella- No estamos en la Roma imperial, pero dispondrás de mí a tu antojo, con el permiso de Marcos y ciertas limitaciones todo el tiempo que el trabajo y las obligaciones me lo permita. ¿Qué dices Rafa?

_ Siendo así - respondió el aludido - yo acepto.

De esta forma, a la semana siguiente, estaban los tres viviendo juntos.